sábado, 15 de noviembre de 2008

Punto medio

Me encanta hacer muchas cosas pero no se pueden hacer simultáneamente o pierden todo su valor.

Por ejemplo no puedes comer, dormir y hacer otras necesidades fisiológicas al mismo tiempo. Salvo con un gotero de suero y algún catéter o pañales, pero no parece buen plan.

Hay leyes de la física que no se pueden incumplir.
Es imposible vivir sin respirar o saltar sin caer de nuevo al suelo. Salvo que seas astronauta en micro-gravedad.

Cuando me encuentro con limitaciones primordiales como cansancio, hambre, sueño, me cuesta mucho dejar lo que estoy haciendo "solo" por ese motivo. Aunque valoro en su justa medida el valor de un buen sueñecito, comer o descansar. Aunque quizás sucede lo mismo cuando hago cualquiera de estas tareas primordiales. Cada vez requiero dosis de motivación más altas para cambiar de actividad.

Hay tareas que cuando me pongo a realizarlas no puedo dejarlas hasta que he logrado mi objetivo.
Me olvido de que no siempre se puede lograr lo que uno se propone.
Principalmente porque me he auto-educado así. Y casi siempre logro lo que me propongo aunque no siempre en el momento que desearía.

Sin embargo creo que tal vez sea posible progresar y abarcar más actividades con algo más de disciplina. Tal vez aprendiendo de nuestra propia historia personal y observando a nuestro alrededor.

Hay que ver logros y fracasos propios y ajenos y aplicarlos adecuadamente al propio comportamiento.

Hace muchos años (casi en tiempos de los Romanos), cuando era pequeño, fui a un concurso de mecanografía cuando apenas tenía un nivel básico; Mis ppm casi no llegaban a 80 pero, al estar envuelto por cientos de mecanógrafos, al terminar una profesora se me acercó emocionada diciendo que había logrado cerca de 150 ppm.

Ahora se que uno de los primeros estudios psicológicos que se hizo hace como un par de siglos concluyó que las tareas rutinarias se suelen hacer más deprisa cuando son más de uno los involucrados en hacerlas.

Así que para algunas tareas puede ser mejor acudir a una oficina o taller con colegas presentes.

Otra cosa que he aprendido es a tener cautela en ciertos puntos negros de tráfico que he conocido por la prensa o presenciándolos yo mismo.

Por ejemplo, también "en tiempos de los Romanos" una vez vi como una moto que iba por delante del coche en que viajaba tenía un encontronazo con otro coche que salía de un cruce; o quizás era a la inversa (mi memoria no es fotográfica). Desde que conduzco lo hago por un carril apropiado para evitar sustos similares en ese lugar. (aunque ahora ya se cambió el sentido de esa calle, supongo que después de varios incidentes).

Eso quiere decir que correr no es lo más importante. Sino conocer la mejor ruta.

Siguiendo con los símiles o metáforas, detesto encontrar semáforos en rojo o atascos.
Es decir no me gustan las interrupciones. Sean del tipo que sean.

- Spielberg quiere producir tus películas.
- Déjame en paz! Estoy ocupado!


[...]

- Socorro! Me he quedado enganchado en un charco de ácido y se me está fundiendo un pié!
- ¡Ya te he oído! ¡Ahora voy, impaciente!


[...]

- Mira la hermana de Penelope Cruz está desfilando en bikini!
- ...
- ¡Anda! ¡No te había oído llegar
!

En fin. Las interrupciones me molestan porque me distraen como a una polilla hipnotizada por la luz y a mi me gusta tener controlado mi destino.

De modo que para mejorar sigo un interminable viaje de búsqueda del equilibrio. Evitando ser muy estricto, pero también procurando no ser muy despreocupado. Espero que el punto medio donde siempre me he sentido cómodo no acabe siendo simplemente... mediocre.

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