viernes, 16 de enero de 2009

Terminar

Por lo general nunca comienzo nada sin saber cuándo y cómo debe terminar.

La calidad de un trabajo suele ser mayor cuando hay un plazo ajustado para concluirlo. No suele valer que tú mismo impongas ese plazo así que si el plazo es muy amplio o puede prorrogarse sin excesiva rigidez al final no se aprovecha el tiempo lo suficiente.

El número de pequeñas acciones necesarias para concluir una tarea hace muy difícil predecir el tiempo que va a costar completar una labor.

Si por error pierdes parte de un trabajo, rehacerlo costará algo más de tiempo. Puede ser bueno rehacer una tarea para coger práctica y perfeccionar aunque también puedes quedarte sin tiempo para hacerlo igual o mejor y al final puede quedar peor.

Muchas veces viene bien parar para reponer fuerzas. Pero dejar de hacer algo por lo general es más difícil que seguir haciéndolo.

Cuando somos bebés tirar cosas al suelo no es una actitud para fastidiar es, aunque pueda resultar molesto, un rotundo éxito en la habilidad del propio niño porque es más fácil agarrar cosas que soltarlas.

Sin embargo, mirado racionalmente, lo más apropiado cuando estás cansado física o mentalmente es dejar lo que estás haciendo para proseguir después.

Para empezar a trabajar, o continuar después de una pausa, hace falta motivación.
Pero eso es otra historia.

Para acabar este aporte al blog contaré un cuento:

- Había una vez un rey que tenía tres hijas y las metió en tres botijas. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

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