sábado, 3 de diciembre de 2011

Madurar

Museo Ghibli
Se dice que alguien "se ha hecho mayor" cuando cumple cierta edad y empieza a depender menos de los demás.

Aunque uno no cambia de mentalidad de la noche a la mañana. Siempre hay factores que obligan a comportarse de una determinada manera, en según qué situación.

¿Madurar es hacerse más blando y dócil, o eso es lo que nos dicen las personas que nos rodean (mayores, pareja, amigos) para que hagamos más fácil sus propias vidas?

Desde luego, cuando vemos alguien que es todo lo contrario, frío y agresivo, lo asociamos inmediatamente a un extremo alejado de la madurez. Probablemente se debe a un sentimiento amargo acumulado tras tragar muchos "marrones" en su vida, o a la incertidumbre de los que están por venir, y se ha pasado de maduro. Se ha puesto "pocho" o podrido, y huele a rancio. Algo que desgraciadamente se nota en muchas personas mayores. (Y no tan mayores)

Tengo la impresión de que los mayores de cincuenta años no deberían desempeñar ciertas tareas de responsabilidad social porque muchos de ellos (o tal vez sólo unos pocos, que parecen la mayoría desde mi punto de vista) se comportan como críos bobos.

Supongo que realmente no es un tema de edad sino más bien del entorno en que cada cuál se desenvuelve.

Las películas de los estudios Ghibli, en especial de Hayao Miyazaki, suelen tener este tema presente en el núcleo de su argumento. No el de ir más alla de la madurez, que suele traer consigo excesivas dosis de nostalgia. Sino el mismo hecho de madurar.

Por lo general nos cuentan historias de niñas que aceptan responsabilidades, al principio a lo loco, sin pensar en las consecuencias. Pero en el camino aprenden a aceptar sus limitaciones y a meditar sus decisiones para que no afecten negativamente al futuro de sus vidas y las de los demás.



Antes de cumplir los 15 años yo ya vivía solo en un hostal de Barcelona. Administraba mi cuenta corriente y tenía tarjeta de débito para gastos durante mis estudios de imagen, sonido, inglés, fotografía y cinematografía.


En esa época, el banco admitía clientes de esa edad, aunque otros bancos no tenían en su política esa posibilidad para ofrecer una tarjeta. Al dejar Barcelona, poco antes de las olimpiadas de 1992 y cumplir los 18, mi banco se había fusionado con otro y al renovar la tarjeta tuvieron que esperar a que cumpliera 18 para darme la nueva tarjeta por la nueva polítca. Sin embargo, esas normas sobreprotectoras que a mí sólo me afectaron unas semanas, probablemente pusieron límites artificiales a otras personas que quizás se sentían capaces de vivir fuera de casa y administrar sus recursos.


Si se inventara un dispositivo que midiera el nivel de "madurez" de las personas antes de permitirles probar el alcohol, fumar, o jugar a juegos de azar, seguramente nadie podría cometer semejantes imprudencias. Y viviríamos, por supuesto, en un mundo más justo, pacífico y equitativo.

Sin embargo te exigen "madurez" basada simplemente en la edad para poder tomar ciertas decisiones como votar a un político que probablemente está hueco y pasado de vueltas.



Por la cuenta Twitter de Mariano Rajoy, tras ganar con mayoría absoluta las Elecciones Generales, respondió de forma despectiva a un chaval de 15 años que quería saber un detalle sobre la política que iba a seguir en su legislatura. Respondió que no le iba a contestar. Así de incongruente fue. Rajoy, o su representante en la Red, se molestó en tuitear para decir que no le iba a contestar. Para eso, mejor se calla, señor "Naniano". ¡Vaya madurez que enarbola!


Parece que las tópicas palabras que dio en su discurso del balcón de los "saltinbanquis" de Génova sobre que iba a gobernar para todos, los que le votaron y los que no, quedaron olvidadas en su propia chochez. Obviando también que ese chaval será mayor de edad antes de terminar la nueva legislatura.


Portavoces de Naniano han hablado de respeto y protección del menor en la Red. Pero al haber contestado se están contradiciendo ellos mismos, pues logró más repercusión mediática para el tuitero, al ser uno de los pocos tuits que se dignó a contestar en esos días de transición de un gobierno a otro.


Parece que es progresista, que sabe decir palabras como "Google" y "Twitter", hasta que gana las elecciones y ya no le conviene la "Política 2.0"; La única que realmente se acerca al espíritu de lo democrático.


Tal vez, si fuera posible, debería haber un "madurómetro" y un "ranciómetro" en Moncloa, también. Para que haya una sucesión responsable.


Cualquier intento de medir el funcionamiento de nuestra mente son pruebas poco consistentes y útiles, varios años antes de cumplir los 14 con algún test de inteligencia, o similar, ya obtuve resultados que me indicaban que mi edad mental era de 14 años. -¡Qué avanzado!- Pensaban quienes me conocían de niño. Aunque bastantes años después, incluso bien pasada la mayoría de edad con derecho a voto, tests del estilo seguían diciéndo que mi "edad mental" estaba en unos 14 años.


Mediciones de este tipo las tienen también juegos como Brain Training. Donde me he encontrado límites opuestos que al principio te dicen que estás oxidado y torpe, llegando a una "edad mental" de 90 años o similar, y conforme mejoras tus habilidades van reduciendo esa edad.


A los políticos no les interesa que votemos de forma racional. Sino movidos simplemente por emociones vacías y carentes de sentido práctico.


Las emociones se condicionan, se moldean a lo largo de la vida, haciendo que un sin fin de tonterías nos diviertan o nos enfaden, provoquen sentimientos de satisfacción e insatisfacción, nos convierten en autómatas del consumo, y un día nos damos cuenta de que despilfarramos nuestro tiempo de vida, pero no hacemos nada ante el sin fin de condicionamientos programados desde entornos sociales, familia, sectas, mafias y grupos organizados de creación de normas, como la Academia de la Lengua, ecologistas, lobbys de presión, medios de prensa, radio, TV y demás magufos. Y también la Red de redes con blogs poco meditados como este mismo. Guiado en gran medida por emociones, las mías, de un "señor" con espíritu joven al que hace mucho que llaman así los más jóvenes. Al que algunos toman más en serio de lo que deberían.



Los límites de edad son por lo general una imposición para que nuestras mentes libres de prejuicios, llenas de vitalidad y sueños hayan tenido tiempo de imitar actitudes ajenas que se consideran responsables y en definitiva nos conviertan en otras personas que nada tenían que ver con lo que eramos. Carentes del punto que distingue a niños de adultos. Ser distinguibles unos de otros. 


Madurar es hacerse igual que los demás.

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