domingo, 25 de diciembre de 2011

Truquitos de viejo

He vivido más que Jesus Cristo. Aparte de más de 35 años, yo al menos he vivido una vida real y no una inventada por sectas religiosas. Que, fíjate tú -qué casualidad-, supuestamente algunos dicen que el ficticio personaje que rige el universal calendario gregoriano nació un 25 de diciembre coincidiendo con la celebración del Solsticio de Invierno. Ancestral festejo celebrado desde tiempos inmemoriales.

Los intríngulis de la Fé no vienen al caso. Esto sólo es una excusa para decir que ya soy muy "viejo". Aunque aún no he cumplido los 40, y espero no hacerlo antes de que me toque, allá por 2014.
-Ains! Ya pesan.

El caso es que no me dejo llevar por supersticiones y baso toda mi filosofía de vida en la experiencia propia o cercana. Y se me da bien la lógica deductiva y la intuición (olfativa o tecnológica).

He aprendido muchas cosas a lo largo de los años y quizás desaprendido otras que eran beneficiosas para mí pero he olvidado con el tiempo. Todo se equilibra y los puntos de habilidad del "personaje que interpreto" se mantienen al mismo nivel de siempre. Con sus altibajos. Momentos buenos, malos y "reguleros".

En temas de salud he sido siempre delicado pero sorprendentemente fuerte. Rara vez enfermaba en tiempos de ir a la escuela. No digo que sea el "Unbreakable" pero lo cierto es que era raro encontrarme con una gripe, o alguna enfermedad de temporada. Pero cuando me ha pegado algo... -Uff! Qué mal se pasa!

Hace aproximadamente 13 ó 14 años padecí una gripe de campeonato. De esas con estreñimiento, fiebre, malestar, de larga duración y de ir el médico a casa y no saber que diagnóstico dar. Cuando me recuperé empecé a darme cuenta de que ese tipo de contagio por lo general sucede en invierno, pero no especialmente por culpa del frío. Sino por culpa de las altas temperaturas de los radiadores que se encienden en estas fechas. Que producen que el sistema respiratorio se reseque y la mucosidad no cumpla su función de atrapar gérmenes, bacterias y virus que entran por la nariz y otros conductos.

Desde entonces creo que le tengo cierta fobia a las calefacciones. Algo muy contradictorio conmigo porque también soy muy friolero.

Detesto pasar frío. Casi no lo soporto. Sin embargo, puede que al invierno siguiente de aquella gripe o dos años después, decidí no ponerme la calefacción, para evitar resfriados o gripes. Y entonces padecí un dolor brutal de los huesos que casi no me permitía ni andar. Al dormir en una habitación heladora. La solución fue poner calefacción de nuevo de inmediato. Y eliminar o reducir en gran medida de mi dieta las bebidas gaseosas o carbónicas que son realmente malas para los huesos.

No obstante, decidí usar un humidificador junto a la calefacción y alejarla algo más de la cama. Lo hice durante al menos tres inviernos. Los últimos con un temporizador para apagar de vez en cuando el humidifiador y calefacción. Y efectivamente no sufrí ningún catarro más. Pero OJO. A veces es peor el remedio que la enfermedad. Al terminar cada invierno notaba mi sistema respiratorio más cargado de mucosidad. Y me pasaba meses escupiendo flemas todas las mañanas, incluso varios meses después de haber dejado de usar el humidificador con la calefacción, hasta el verano. En algunos casos, el uso de humidificador puede ser incluso mortal.

Mi casa sigue siendo muy fría en invierno. Pero ya no uso humidificador, ni calefacción en mi dormitorio. Actualmente, cuando llegan los fríos, me pongo el edredon y no una manta sino dos; y activo la bomba de calor del Aire Acondicionado, que me da más confianza que radiadores eléctricos de placas con líquido en su interior cuya temperatura se regula bastante mal, y que está en mi estudio confiando en que llegue algo de calor al dormitorio que está a varios metros por el pasillo (algún día tendría que poner un "inverter" o conductos). En pocos minutos entro en calor y duermo más o menos bien. Si no hace frío extremo.

Hasta aquí el tema de dormir calentito. Pero ¿qué pasa con otros tipos de contagios, gripes, y demás?

La gente con algo de sentido común sabe que debe lavarse las manos a menudo. Tocamos mil y una cosas. Y lo primero que hago cuando llego a casa al volver de la calle procuro que sea lavarme las manos. No tres veces como un obsesivo-compulsivo, pero sí bien; como nos enseñaron los letreritos de los aseos públicos de centros comerciales tras la oleada de pánico por Gripe Porcina/Gripe A/Gripe N1H1/H1N1/Coña marinera en la que se derrocharon vacunas y mascarillas por doquier por algo que no era para tanto.

Mi intuición me avisa de que partes de mi cuerpo pueden estar inflamándose o teniendo un principio de virus o defensas bajas y en casos así se me ocurre lavar mis oídos con alcohol. Nunca con bastoncitos, que son dañinos para el sistema auditivo. Es suficiente con humedecer una pequeña toalla o incluso un papel absorvente. E inclinar la cabeza hacia un lado y otro cuando estás secando los oídos.

Y ¿por qué los oídos?  Simple. Muchos contagios realmente no suceden por la nariz o la boca sino por la parte que realmente no podemos cerrar cuando estamos expuestos al exterior.

Antes de mi viaje a Japón, al final del verano o comienzo del otoño, estaba un poco preocupado por si mi salud se podía resentir durante los pocos días que iba a pasar en el país oriental. De hecho no paraba de leer casos por Twitter de mis seguidos. Muchos iban cayendo. Pero parece que me libré, quizás por el truquito del alcohol para limpiar los oídos de vez en cuando, y secarlos bien después.

La humedad es enemiga de la salud. Si te secas mal los oídos (siempre basta con una simple toalla, nunca con bastoncitos), o cualquier otra parte de tu cuerpo tras el baño o ducha es más que probable que cultives con el tiempo algún tipo de infección u hongos. Así que sécate siempre a fondo. No obstante no hay que pasarse. Recordar lo que conté al principio. Demasiada sequedad en el sistema respiratorio produce alto riesgo a coger gripe u otras enfermedades contagiosas.

En mi ciudad, muy próxima al Desierto de las Bardenas, sólo hay dos estaciones: verano, con momentos de mucho calor y a veces frío en el mismo día, e invierno. La primavera o el otoño casi no existen. En invierno tenemos uno viento fuerte y racheado, el cierzo, que reseca la piel y los labios.

En ocasiones he tenido que usar parches Compeed Calenturas de la farmacia para curar los labios que probablemente me he tocado con las manos sucias para trata de aliviar la molestia que suponen los labios agrietados por el viento.

Este mismo año antes de tener una calentura; el día antes, me puse uno de esos parches como medida "preventiva" al irme a dormir. Mal! No lo hagáis. Esos parches son para después de salir la afección en los labios y solo para usar durante el día. Al quitarmelo me salió lo que intentaba evitar y pensé que el propio parche lo había provocado. Aunque no duró más de una semana.

Lo que va bien son estos lapices labiales que venden en los supermercados con jojoba (aloe vera) o similar que suaviza y humedece los labios antes de que se agrieten.

Creo que con todo lo que he dicho no hace falta explicar que soy muy escrupuloso en lo que concierne a la salud. Es decir, que no me gusta beber a morro de una botella y mucho menos compartirla o cosas similares. No soy hipocondríaco pero sí previsor. Y no me hacía mucha gracia usar estos lápices por si me podría contagiar a mí mismo con lo que quiera que tenga en los labios cuando lo uso. Pero en este caso creo que es peor la enfermedad que el remedio. Así que no os cortéis y a la mínima sequedad a untarse bien.

Las malas posturas son causantes de dolores, problemas circulatorios y en ocasiones de problemas serios. Es recomendable, si se está en un mismo lugar durante mucho tiempo, ponerse alarmas periódicas para cambiar de postura y hacer algo de ejercicio, estiramientos, caminar y descansos.

Desde muy joven sí he padecido dolores articulares como un pobre viejo artrítico. Que parecen haber menguado desde que dejé de abusar de bebidas gaseosas, hice algún que otro viaje a playas del sur, por Cadiz, y ante cualquier molestia me daba un pequeño masaje con aceite de hierbas suizas, importado de Italia, conocido como Klauterol (24 hierbas). Actualmente se me han acabado las reservas de ése y tengo uno de 99 hierbas (no necesariamente mejor que el de 24) que se vende como un "remedio chino" pero que cumple su función.

Si alguna vez me duermo en una mala postura o apoyo la espalda o el pie como no debo y empiezo a sentir dolor, un masaje con el krauteröl alivia el dolor muy rápido y es probable que para el día siguiente ya no sienta nada mal.

Cuando viajé a Japón no quise llevarme aceite de hierbas por viajar ligero y evitar en la medida de lo posible llevar botes con líquidos para evitar problemas en los controles de los aeropuertos (además tenía la esperanza de comprar más a mi paso por Suiza, pero en el aeropuerto solo venden perfumes, bebidas alcoholicas, y a lo sumo chocolate y relojes suizos), pero sí me llevé algo similar como una pomada antiinflamatoria como Radiosalil. Esto me vino bien al finalizar dos jornadas de mucho caminar que acabé con los pies algo doloridos. Como soy algo propenso a cansarme, porque tengo los pies algo cavos y una cadera un poco más alta que la otra, sabía que el remedio me podría ser útil y de hecho lo fue.

Hay muchas cosas más que hago o esquivo por pura intuición que favorecen la salud. Pero ahora mismo no sé decir nada más. Lo que estoy seguro es de que en el futuro aprenderé nuevos truquitos de viejo y descartaré alguna que otra superstición que aún debo tener y espero compartirlos en el futuro para que no se olviden.

Recordar: Esto no es un consultorio médico. Las opiniones aquí expresadas son simples elucubraciones de un internauta que no ha estudiado medicina, ni nada que se le parezca.

Si se siente mal, vaya al médico. Si es joven, por su propio pie; -No me sea blandengue! (Algo así me dijo un médico por teléfono una vez que tuve una gripe! xD) Y si es mayor... pida cita; o consulte con el farmacéutico... que el copago o ticket moderador nos va a llegar a todos sí o sí... más temprano que tarde!

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