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lunes 18 de enero de 2010

Agradecer

"El mundo es un buen lugar por el que merece la pena luchar". Como decía Morgan Freeman en Se7en, -Estoy de acuerdo con la segunda parte.- Pero la primera parte es responsabilidad de todos.

Es cierto que venimos de la nada y nos convertimos en nada. Así pues no perdemos nada en el proceso. Como decía Eric Idle en su canción final de La vida de Brian. (Always look on the bright side of life)

Como es de buen nacido ser agradecido, haré lo que se hace al final de las buenas acciones. Dar las gracias. Un modo humilde de empezar a mejorar el mundo.

Así que voy a tratar de mencionar las cosas que más agradezco pero que rara vez me acuerdo agradecer como es debido.

En lugar de quejarme de todo lo que pierdo, todo lo que no me dan, todo lo que no consigo, de todo lo que no me gusta, #TLQJ,  voy a procurar ser constructivo que fundamentalmente para eso creé este blog. Como un modo de auto-moldear mi carácter que aunque muchos no lo noten raya la ironía y el cinismo exacerbado. Que si bien es un elemento que concentrado podría dar energía a media Europa sin recurrir a la energía nuclear o un generador de Improbabilidad Infinita, creo que sus efectos son bastante nocivos para el que emite sus opiniones más que para quien recibe las críticas o el mensaje.

Así pues sirva este mensaje de warning a mí mismo y de reverencia a mucha gente que en caso de recibir un Oscar o un premio Nobel de esos de saldo que dan (vaya! ya estoy otra vez.) deberían ser mencionados sin falta.

Papa y mamá. Son peor que las hemorroides (que llevan más de un año dándome por el mismísimo...) pero qué sería de mí si no se hubieran conocido... Qué? Eh!

Mis hermanos mayores. Son casi tan malos o peores que papá y mamá.  (De tal palo...) No se puede comparar al uno con la otra, igual que a mamá y papá; pero en ambos casos los agrupo para abreviar. Aunque sea poco y al menos cuando era pequeño me protegieron y ayudaron como lo hacen los hermanos mayores.

Tíos, tías, primos, primas y demás familia. La familia... me hace pensar de nuevo en eso que se hincha por detrás. Pero sin embargo todas las molestias, todos los "secuestros" (excursiones anti-democráticas en las que el niño (yo) tenía que ir a dónde ellos quisieran sin votación popular), todos los acosos típicos de quien quiere evitar que alguien se salga del régimen establecido, me parecen ahora nimios e insignificantes comparados con todo lo que he recibido y sigo recibiendo. El apoyo es mayor del que creo merecer. No significa que no haya hecho grandes favores pidiendo poco o nada a cambio pero tampoco soy capaz de tratarles a todos tan bien como lo hacen conmigo.

Amigos. Aquí habría que hacer una distinción entre amigos buenos-buenos y amigos de amigos. Porque aunque muchos de mis mejores amigos fueron en su momento amigos de amigos no siempre cuaja la amistad hasta un punto que me permita valorarlo. Cada persona es un mundo y aquí me pierdo bastante. 

Por lo general creo que mis amigos aprecian lo que hago por ellos por eso no siento la necesidad de darles las gracias por muchas cosas que siempre olvido. Todas las personas con las que paso mucho tiempo acaban descubriendo como soy realmente. Y tienen dos opciones. Seguirme la corriente o distanciarse.

Los que me siguen la corriente se contagian con mi carácter y yo con el suyo. Son los que me hacen como soy. Más que la herencia genética o la familia impuesta, los amigos son más parte de mi persona que mis mismísimas entrañas. Así que cómo no voy a estar agradecido de tenerlos.

Resto del mundo. Me encantan esas películas apocalípticas donde se nos presenta un mundo sin gente, como el comienzo de Abre los ojos, Soy leyenda, y similares. Es quizás esa obsesión de amor-odio que tenemos las personas entre nosotros. Sería fabuloso encontrarse el supermercado vacío, sin colas. Ir en el autobús o el metro sin apretujones. Encontrar siempre sitio en tu restaurante (sin humos) favorito. Y, en fin, librarse de quejicas (como yo), polemistas de la TV, y vivir en un remanso absoluto de paz sin absolutamente nadie alrededor que moleste pero...

Alguien tiene que mantener el agua fluyendo, la luz, el wifi, fabricar ordenadores y nuevas tecnologías, componer música, cantar, bailar, cultivar, dar de comer, conducir, pilotar, construir, dar buen ejemplo, dar mal ejemplo, hacernos reír, hacernos llorar, hacernos soñar, y motivarnos en definitiva.

Sin el resto del mundo, para bien o para mal, no seríamos los mismos. A ellos tendría que ir el agradecimiento más grande del mundo. Y si a mí mismo me cuesta reconocer ésto, no es de extrañar que haya conflictos, crimen y guerras. Pero no solo uno mismo sino todos mis allegados, no serían nada de lo que son de no ser por la enorme familia que compone este planeta.

Personas que muchas veces de forma anónima ayudan al prójimo sin rechistar y sin que tenga que mediar juez, lider religioso o maestro de payasos.

Y nuestra vida es mucho más llevadera gracias este afán sin esperar nada más a cambio, o al menos por las ganas de vivir y dejar vivir de la mayor parte de la humanidad.

viernes 17 de julio de 2009

Seguir adelante

Puede que sea por falta de fibra, por apreturas en la ropa, o por causas ajenas a nuestra voluntad, pero hay veces que perdemos "regularidad".

A veces tienen que ver las condiciones climáticas, la dieta alimentaria o cosas como lo que vemos por la tele, o la fase lunar.

Cuando algo se rompe en la rutina diaria y empiezo a dormir a deshoras, a sentirme alicaido, o sin fuerza física, psicológica o con el intelecto tan mermado que no se ni hacer la "O" con un canuto, hay que buscarle remedio lo antes posible.

Hacer lo mismo que antes del "bajón" no suele ser bueno porque el origen está en esos hábitos.

Una visita al médico o a la farmacia puede ser conveniente pero no siempre es la mejor solución.

Algo que puede ayudar mucho es observarse uno mismo y ver qué es lo que haces en cada momento, lo que comes y como te sienta y procurar recuperar el ritmo normal complementando las carencias que el organismo está pidiendo a gritos pero no sabemos responder.

Cuando llegó el calor del verano mi cuerpo estaba aclimatado a los seis meses de invierno que habíamos padecido y algo que para mucha gente mayor o gorda es veneno casi mortal, la sal, para mí fue algo imprescindible para arreglar una bajada de tensión galopante.

Eso pasa cuando olvidas beber con frecuencia, y comer buenos alimentos a sus horas, o cuando realizas actividades sedentarias y no cambias de actividad en mucho tiempo, o al realizar esfuerzos continuados bajo el sol.

Soy una persona inquieta pero tampoco me gusta dejar para más tarde cosas que no he terminado de hacer.

Muchas veces antecedo cosas innecesarias a mis propias necesidades.
Puedo pasarme 6 horas o más sin moverme del sitio, ni para hacer "pipí". El dependiente ideal.

A veces me olvido hasta de respirar. Y claro ahí también llega "algo" de malestar. Eso de no respirar no es bueno. Si lo sabré yo.

La gente que sabe que doy prioridad al trabajo físico y mental no tiene en cuenta mi estado emocional cuando me piden favores y es ahí cuando surge el conflicto conmigo mismo.

Primero porque soy servicial en grado extremo y la gente lo nota, pero por otro lado yo también lo noto. Y aunque no me gusta desconfiar tengo que discriminar constantemente, primero porque no me gusta que nadie pueda predecir mi respuesta. Del mismo modo que yo no se predecir la de los demás.

Me doy cuenta de que no puedo, ni debo contentar a todo el mundo e incluso la misma persona a la que antes haya ayudado puede no recibir más mi ayuda después.


El mundo en el que yo vivo es un mundo individualista en el que cada cual se procura lo que necesita con la mínima ayuda de los demás.

Aunque para que el intelecto y fuerza física sea convenientemente estimulada hace falta también disponer de una actitud psicológica que nos motive a competir y, a la vez, colaborar con los demás mediante actividades colectivas.

viernes 19 de junio de 2009

Olfato de lince

Es probable que el olfato sea un sentido algo desprestigiado. Solo algunos cocineros lo tienen en cuenta. Aunque sobre gustos, u olores de los guisos, no hay nada escrito.

Es habitual hacer una metáfora con el olfato de una persona cuando se dice que tiene mucha intuición, o ha tenido mucha vista para anticiparse a otros ante una oportunidad o para evitar un problema.

Y algo tendrá que ver el olfato real. Ya que los olores nos previenen y ayudan a reconocer una situación y actuar en consecuencia.

No asearse adecuadamente, una dieta flatulenta, otros factores, y especialmente todas "drogas combustibles" producen repulsión.

Pero mucha gente vive en un ambiente plagado de mal olor y terminan por insensibilizarse a casi todos los olores.

Con el olfato atrofiado se pierde una parte de nuestra humanidad. Los cinco sentidos.
Y ésto choca directamente con la gente a la que si nos importa el olor.

No es cuestión de fastidiar ni de imponer la propia voluntad a la de los demás sino tratar de vivir todos un poco mejor.

Si hueles mal, ¿qué problema hay en qué te lo diga? -Hueles mal, tío.- Y te duchas... o te apartas un poco.

Pero si no tenemos confianza suficiente, la vieja educación nos hace ir con evasivas. Necesitamos que otro se lo comunique de nuestra parte.

Lo peor del mundo es un tercero con esta vieja educación del respeto y de "no meterse en problemas" y el olfato atrofiado, que no distingue lo que huele mal de lo que está bien.

Estas personas son legión y van detrás de aquellos que nos atrevemos a demostrar que somos humanos y quejarnos de que alguien huele mal, y nos señalan con el dedo, cual película "La invasión de los ladrones de cuerpos", y tratan de impedir que evitemos el avance del tufo letal que asola los lugares más tercermundistas del planeta:

- Algunas (casi todas) cafeterías españolas, restaurantes (muchos), accesos de locales públicos y comercios, algunos talleres mecánicos, pequeños centros de trabajo (lo más grave son algunos centros logísticos de envío de paquetes a otras personas), algunos vecindarios, Centros Comerciales con locales infractores de casi todos la cadena francesa Carrefour en España, o Eroski, etc, etc, etc.

También hay otra clase de olfato. La de los vendedores telefónicos, puerta-a-puerta, o por buzoneos-masivos. Tienen datos de nuestras vidas, vendidos al mejor postor por otras empresas, y se rifan el reparto de nuestros posibles ingresos cual buitres en un banquete recien servido.

Nos interrumpen sin cesar, como si supieran que el chollo se va a acabar y que hacerlo va a ser ilegal dentro de poco, sabiendo con su intuición cuándo estamos en casa, cuándo nos cae mejor comprar sus productos, y cómo vamos a reaccionar según qué y cómo nos lo digan.

Aunque dada su insistencia, estamos inmunizados ante tanto buitre suelto y no lo tienen muy fácil.

Pero son realmente insidiosos y en este caso creo que sí estaría justificado el uso violento de un puño contra sus narices.

También os doy permiso para emplastarles una tarta o algo así en todas las narices a cualquiera de estos hijos de su madre;  gracias:
Juan Tallada (BAT España), Cesar Alierta (T), Hernan Irigoyen (PM).
Se lo merecen.

viernes 17 de abril de 2009

Gula

Cada persona tiene una constitución diferente. No existen dietas preestablecidas que tengan la misma utilidad para todo el mundo.

Comer mucho puede ser beneficioso para rendir sexualmente pero por contra merma la capacidad intelectual. Parece un plan maestro para garantizar la supervivencia del individuo y de la especie. Y es que todo en esta vida consiste en ciclos de adaptación y mejora.

También sucede el efecto contrario. Cuando se hacen grandes esfuerzos intelectuales nos entra más apetito y solemos comer más de lo que realmente necesitamos para reponer las energías extra consumidas. Con lo que se vuelve a mermar nuestra capacidad intelectual. Si esto es así, tal vez sí que venga bien echar siestas.

Las vitaminas, minerales e infinidad de proteínas distintas, que son útiles para nuestro organismo, están repartidas en dosis irregulares en distintos tipos de comida.

Quien come mucho y variado suele suplir bien las necesidades del organismo pero al excederse paga las consecuencias proporcionalmente; Y quien come siempre lo mismo, al final, adelgaza y tiene molestias que dañan el organismo tanto como comiendo desmesuradamente.

De nuevo me encuentro en un debate sobre el término medio.

Una línea invisible que cuesta seguir en cualquier disciplina donde el equilibrio es un pulso constante entre esfuerzo y mediocridad.

Puedo comer mucho sin engordar, aunque rara vez soy constante en los excesos. Normalmente soy bastante despreocupado en este aspecto.

Por lo general tolero menos los cambios en las cantidades de comida consumida diariamente. Y por lo general tengo muy poca imaginación para hacerme las comidas. A veces me salto desayunos, meriendas (casi siempre), y otros picoteos a los que están acostumbradas otras personas.

Se ahorra tiempo y dinero, sí. Pero por contra se rinde peor y se desajusta el organismo.

Me gustaría programar las comidas desde un punto de vista razonado. Sin embargo debemos dejarnos llevar por nuestros apetitos en materia gastronómica porque por lo general sabemos qué es lo que más nos conviene de forma instintiva.

Así que una dieta programada a horas estrictas con cantidades de alimentos específicas no es la solución para llevar una vida recta, más sana y equilibrada.

Lo que necesitamos es un Pepito Grillo, o voz de la conciencia propia o ajena, que guíe nuestros actos para obrar correctamente sin dejarnos llevar por otros factores que nos condicionan.

De nuevo el desorden supervisado es la mejor solución.

viernes 27 de marzo de 2009

Decadencia

Incluso los hábitos más saludables pueden ser contraproducentes si se toman demasiado en serio perdiendo la perspectiva en favor de nuestra comodidad y costumbres.

Hacer siempre lo mismo puede mejorar tu habilidad para hacerlo pero al no hacer otras tareas poco a poco se pierden facultades importantes.

Nuestros sentidos tienen memoria independiente de lo que consideramos recuerdos.

Si miramos fíjamente un punto o un detalle, y cerramos los ojos, durante un tiempo permanece en nuestra retina. Del mismo modo, nuestras piernas, nuestra mandíbula o nuestras manos aprenden movimientos que se van olvidando conforme dejan de realizarse.

Siempre quedan latentes las tareas más sencillas para poderlas repetir en cualquier momento pero cuesta más realizar aquello que nunca practicamos.

Conforme perdemos nuestras facultades perdemos la ambición de lograr nuestros sueños. Y poco a poco podemos perder  la motivación, la cortesía, la habilidad para manejarnos en la vida, y el instinto de supervivencia; Llegando a un punto del que puede ser muy difícil volver.

El ser humano es como una compleja máquina de tuercas y resortes. Si no se ejercita cuerpo y mente de vez en cuando, es muy fácil oxidarse e ir perdiendo agilidad, destreza y toda habilidad con la que antes contábamos.

Los médicos llaman a oxidarse envejecer; como una parte natural de la vida.
De modo que si el mecánico lo considera normal nadie va a apretarnos las tuercas cuando lo necesitemos.

El mundo es lo suficientemente desafiante para hacernos ejercitar casi todos nuestros mecanismos, pero conforme pasa el tiempo debemos ser más exigéntes en aquellos aspectos que olvidamos cuidar. O cada vez quedará menos de nosotros mismos.

viernes 27 de febrero de 2009

Zzz

No hay ningún día de relax. Ningún día de vacaciones. Todos los días son obligaciones, favores y deberes que hacer.

Trabajo, contabilidad, Hacienda, aseo, limpieza, visitas, alimentarse... Todo se disfruta en su justa medida pero yo quiero invertir más tiempo en cosas más importantes:

Descansar, leer, ver animes, escribir en el blog, no hacer nada.

Lo último es lo que más me cuesta. Y sin embargo me parece algo tan necesario...! Y en teoría parece tan fácil pero es que no es solo dejar de hacer cosas, sino también dejar de pensar. No preocuparse absolutamente de nada. Ni de uno mismo.

Creo que los que hacen yoga lo llaman meditar. Yo lo llamaría dormitar o estar a punto de dormir entre la vigilia y el sueño.

Toda mi vida he querido ser consciente de ese momento, pero resulta totalmente imposible... o estoy demasiado despierto para dormirme o demasiado "dormido" para darme cuenta del momento exacto en que me duermo.

Ese coma temporal en el que entramos es el único momento en el que quizás soy capaz de no pensar durante más de 30 segundos. No hacer nada de forma voluntaria y no discurrir, plantear, ni resolver pensamientos.

Alguna vez (muy pocas veces) al soñar he tenido la sensación de que estaba soñando y me he montado mis pequeñas películas casi conscientemente, con la imaginación.

Pero dormir creo que no tiene que ver con reposar de forma consciente.

Creo que al dormir reiniciamos nuestro sistema. Ponemos a punto la maquinaria. De forma similar a un sistema bien programado, los sueños son como un backup. Por lo general hacemos la copia de seguridad y nos olvidamos de ella hasta que sea necesaria. Podría ser como el monitor de una cinta de vídeo al rebobinarse hasta el principio a toda velocidad, con metáforas visuales y otros recursos que nos ayudan a recordar lo que más nos importa de cada jornada, nuestras preocupaciones y esperanzas y los recuerdos de los recuerdos que conservamos; que como una copia de una copia, poco a poco van perdiendo nitidez.

Cuando nos despertamos (completamente) estamos llenos de energía y listos para seguir nuestra programación de aprender y reconocer; ver cosas nuevas, acostumbrarse a las viejas; buscar emociones nuevas, y sentirse a gusto.

¿Y en medio? ¿Dónde está el estado cuántico en el que ni aprendes, ni reconoces tu entorno, sino que simplemente desconectas? Eso tiene que ser muy relajante... O quizás inquietante. Depende.

Una vez ví en una instalación del Guggenheim Bilbao un lugar plano sin angulos rectos con una luz uniforme que cuando te acercabas perdías toda noción de espacio alrededor y sentías paz... unos 20 segundos... hasta que te cansabas y te dabas la vuelta porque alguien te esperaba o algún otro visitante te distraía.














Intenta no hacer click a otra web, por un momento... :]

domingo 21 de diciembre de 2008

Hagamos algo ya

No es un tema político a debatir, ni aplazable. El tabaco mata a tanta gente como si tuviéramos una catástrofe aérea en cada país del mundo durante todos los días del año. Y el viaje dura ya muchos años de angustia.

Incumbe a gobiernos centrales y autonómicos, pero sobre todo a los municipales. Que deberían ser los primeros en cumplir y hacer cumplir las normativas que sus propios partidos políticos en representación de todos han aprobado por mayoría unánime.

Recientemente, con unos once años de retraso, se ha desvelado que el mismo Tony Blair al comienzo de su mandato propuso expresamente que se excluyera de la normativa que prohibe la publicidad del tabaco al mundo de la Formula 1, precisamente por un periodo de al menos diez años. Por esa razón el partido laborista recibió una generosa donación secreta de un millón de libras esterlinas, supuestamente devuelta unos meses después.

La sociedad está siendo burlada constantemente por grupos de presión tabaqueros que influyen en asociaciones hosteleras y probablemente en federaciones de municipios y polemistas de la comunicación.

Debe desincentivarse a todos aquellos que tratan de burlarse del bienestar común.

Por ejemplo, desvelando todas las prácticas vergonzosas movidas únicamente por la avaricia de políticos, dirigentes, periodistas, famosos y gente influyente que pone a la mayoría no fumadora en contra de sí mismos.

El asunto no es materia de un país aislado. Afecta a niños, personas mayores y toda la ciudadanía.
Afecta a nuestra vida diaria en bares y restaurantes, zonas de paso a la salida de comercios, residencias y centros públicos. E incluso en hogares y vehículos privados, donde compartimos el aire que respiramos.

No esperemos a un mundo sin tabaco. No esperemos más a un país o unas normas comunitarias salomónicas que disimulan sin mirar a ninguna parte. Hagamos ya de nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestra casa, nuestra persona... espacio sin humos.

Si sientes que te afecta, firma la carta al ministro de sanidad promovida por la asociación nofumadores.org:

Carta al Ministerio