sábado, 25 de mayo de 2013

Celebrando el Orgullo Friki

Lo que nos hace frikis es el nivel de entusiasmo que ponemos a nuestros hobbies y aficiones.

Mientras que algunas personas ven un partido de fútbol en la tele, leen un libro o escuchan música en casa; citando aficiones corrientes; otras son capaces de viajar miles de kilómetros a ver a su equipo jugar un partido en otro continente, ver un concierto en vivo rodeados de miles de personas o visitar cada librería que se ponga en su camino en busca de nuevos títulos de sus centenares de autores favoritos.

Si al nivel de entusiasmo de una afición añadimos el factor "hipsteria", en la que el aficionado abraza con mayor intensidad pasatiempos que no están en el mainstream habitual de la sociedad, tenemos el mayor exponente de friki orgulloso de serlo.

De modo que todo el mundo es friki. Siempre lo digo. Pero casi siempre se le da una connotación negativa cuando el friki no comulga con nuestras mismas aficiones y positiva cuando sí.

Es una palabra comodín y ya denostada por muchos frikis (con perdón) en favor de otras como "culturalmente disperso", gafotaku, o "individuo que da rienda suelta a sus gustos sin ninguna vergüenza ".

A mí me sigue gustando el término, igual que otaku (de occidente) es un friki apasionado por Japón y su cultura contemporánea.

Muy pocos pueden permitirse el lujo de trabajar en lo que les gusta. De hecho en España parece que cada vez son menos los que pueden permitirse el lujo de trabajar, a secas.

Pero realmente trabajar no es ningún lujo. Lujo es lo que te puedes permitir si te pagan bien por tus tareas. Y por lo general ese lujo que sueles permitirte son tus pasatiempos favoritos.

Cada vez se le dedica más tiempo a los hobbies y menos al trabajo. Porque vamos directos a una sociedad, no de pleno empleo sino, de pleno ocio.

Si hacer el friki se convierte en nuestra única razón de ser ¿qué sociedad cabe esperar?

Muchos temen que esto pueda pasar. Sin embargo sería enriquecedor que surgieran movimientos frikis permanentemente en todos los rincones del planeta. Y la gente diera rienda suelta a sus aficiones sin importar el qué dirán por hacer cosas diferentes. La gente más aburrida se animaría imitando aficiones que les llamasen la atención y aquellos que tenían ocupada la mayor parte de su tiempo serían más felices de disfrutar siempre que quisieran de hacer lo que les gusta.

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