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martes, 6 de diciembre de 2011

Lágrimas 涙

Los chicos no lloran. O eso dicen.

Pero puede que algunos tengamos la lágrima más fácil que otras chicas, sí. Ellas no reconocen que se masturban y los chicos tampoco vamos a reconocer que lloramos a veces, cuando nadie mira.

Al hacerte mayor, si no eres un o una blandegue, llorar deja de tener sentido y deja de hacerse. (Salvo el bebé "universitario" de los vecinos... que ya le vale, tantos años sin parar)

Normalmente al crecer se deja de llorar y se reemplaza por chillar, que en inglés puede expresarse con la misma palabra "cry", pero en español la connotación es diferente. Cuando la gente se disgusta habla a gritos o deja de hablar a quien le ofende. Sólo la gente más templada es capaz de guardar la compostura mientras expone los equívocos ajenos.

Hay muchos tipos de llantos o lágrimas.

Las lágrimas de cocodrilo, las de alegría o emoción, y, las más amargas, las de tristeza.

No recuerdo haber llorado nunca con lágrimas de cocodrilo pero sí he visto a gente hacerlo. Y es más común de lo que se piensa. ¡Qué hipócrita llega a ser la gente! Y qué asquito da que finjan que les duele algo que te afecta y van a hacer algo para soliviantarlo y descubres que eso va a ser todo.

Puede que, cuando era niño, en situaciones de abuso físico, jugando en recreos, o así, con otros más brutotes haya fingido un dolor superior al infligido para que desistiesen de su actitud. Es una medida de defensa muy común de los que hemos sido menos agraciados en lo que a fuerza muscular se refiere. De todos modos, yo he sido de la gente que siempre se ha llevado bien con todos fueran "tontitos" o brutotes y rara vez he sido víctima de mobbing, burlas o similar. Reconozco que, en todo caso, he sido a veces de los que se burlan o zancadillean, y nunca he permitido que nadie "se me suba a la chepa". Saber algo de judo (de libros) tampoco me vino mal.

Los llantos de tristeza, en mi caso, también son muy raros. No creo haber llorado casi nunca por esa razón. Creo que se siente algo especial. Alguna sustancia química circula por el cerebro y se despeja. Seguro que tiene algún efecto terapéutico.

Las cosas más "tristes" de mi vida quizás estén relacionadas con la familia. Los problemas que más te afectan, es normal que tengan que ver con tus allegados. Quizás los mayores problemas los padecí cuando ya era un "chico mayor" para llorar por cualquier cosa. A lo sumo se nos mete "algo en el ojo" ante el divorcio paterno, enfermedades, o algunos funerales.

Sin emabargo, psicológicamente los hechos relacionados con los parientes realmente me afectan menos que las vidas ajenas. Quizás porque todo me preocupa demasiado para dejar que me afecte. Y la incertidumbre de lo que podría soltar si me dejase llevar en este tema es la razón por la cuál nunca suelo mencionar a mi familia en mis relaciones sociales en la red o en la vida real.

Aunque en lo personal sea menos triste, me afecta más cuando una persona cuya obra admiro fallece. Aunque no tenga ningún parentesco conmigo y viva a miles de kilómetros. Me afectó que falleciera Satoshi Kon, Jerry Goldsmith, Michael Kamen, y otros creativos. Aunque tampoco hasta el punto de soltar lágrimas por ello.

Lo más común para encontrarme llorando (Y tampoco es que me pase la vida haciéndolo. Qué ya soy mayorcico, he dicho. :)) suele ser el llanto de emoción. Que sobre todo noto al ver algunas series y películas de animación japonesa con dramas que me gustan mucho. Tokio Magnitude 8.0 es una serie que va directa a la yugular para que llores sufriendo por lo que le pueda pasar a Yuuki y su hermana. Hay quién dice que es porque me ha ablandado el shojo que leo. (Tampoco leo tanto! Sólo Ouran High School Host Club y es por el humor y frescura de su autora)

Me ha podido pasar viendo otros animes con momentos emotivos como La chica que saltaba en el tiempo o Arrietty. Aunque no todo título triste o dramático provoca ese efecto en mí. Por lo general son títulos que reflejan la vida en forma de comedia, donde el drama está dosificado en breves momentos y no toda la película es un drama.

También emocionan capítulos finales de series que han sido predominantemente cómicas pero entonces te tocan la fibra sensible con la despedida en su último capítulo, como el fantástico ensayo de las protagonistas de Lucky Star del tema Motteke! Sailor Fuku. (Vaya! Estoy llorando!! Qué tonto! :))

El truco está en que una obra debe ser equilibrada. Si todo es tristeza, la alegría no existe, y por tanto ese es el estado natural del mundo diegético en que te has sumergido. Y la tristeza en ese caso no tiene porque transmitir ninguna emoción. Lo "triste" que más te emociona es encontrarse con un drama cuando se ha conocido la alegría.

Y teniendo en cuenta que el humor es un estado muy subjetivo y complejo de lograr, las mejores obras son las que consiguen hacerte llorar incluyendo toques de humor que realmente te hacen reir.

Se puede decir que la risa es el estado opuesto al llanto. Así que eso de que los extremos se tocan es bastante cierto en este caso. Pues tanto la risa como el llanto se expresan generalente al comprender un acto tan bien como si lo hubieras sufrido tu mismo, porque efectivamente te pasó a tí o a alguien que conoces.

Y ya está bien por hoy. No nos pongamos más melancólicos de lo necesario que el mundo está lleno de cosas tristes, pero también de ilusiones y alegría; y estamos aquí para divertirnos, ¿o no?

miércoles, 14 de octubre de 2009

NegroRojizoCasiDorado

"-Que mal genio que tiene!
- Es lo único que le queda."

-Respondía una señora a un señor mayor esta mañana por la calle.-.


La vida se hace cada vez más complicada mientras vamos apartando de nuestro camino lo que no queremos casi sin darnos cuenta.

Luchamos contra cualquier obstáculo y procuramos olvidar aquello que hemos perdido para siempre. Además nos mostramos indiferentes ante lo que pueden ser oportunidades de vivir mejor por miedo a perder nuestra estabilidad.

El beneficio de uno mismo redundaría en todo nuestro entorno. Si estás contento, sonríes. Y esa actitud suele ser contagiosa.

Pero en lo más profundo de mis "normas de comportamiento" hay una frase parecida a "La gente siempre putea al que está feliz." (Era algo que leí de niño, así que la expresión exacta no era "putear".)

Puede que eso tenga algo que ver en mi forma de disfrutar la música u obras de ficción melancólicas.

Y es que nada me entristece realmente. La tristeza, aunque suene raro, me hace más feliz. Como una famosa frase de Pino, en el anime Ergo Proxy.

Una música triste me hace sonreir porque realmente la disfruto. Y llega el punto en que encuentro conexión entre ambas emociones. Tristeza y alegría.

Son parte de nuestra vida y equilibrarlas es cuestión de gustos y son ingredientes fundamentales para encontrar motivación para hacer lo que queremos, podemos o debemos hacer.

"Llorar de alegría" es un buen sentimiento, una mezcla muy difícil de lograr. Solo las cosas que más me gustan consiguen provocarlo. Desde que ví "El club de los poetas muertos" en 1989, apenas he vuelto a disfrutar de obras de ficción que transmitan esa emoción.

Hay pocos ejemplos más. Sin embargo dentro de la animación japonesa saben sazonar de todo tipo de emociones lo que hacen y se encuentran joyas como "Tekkon Kinkreet" y series prodigiosas que no dejan indiferente a nadie.

Muchas ideas las sacan de cuentos y tratados filósoficos clásicos. Hay dos o tres truquillos para que la estructura del film ofrezca la emoción buscada en el momento preciso, pero ningún director/guionista tiene verdadero poder de controlar lo que el espectador sentirá al final. Eso es una sorpresa que debe testarse, como un experimento de química con probetas, una vez acabada la obra en las salas de cine.

martes, 22 de septiembre de 2009

Desalmado

Hay tanta ironía en la pequeña ciudad donde vivo, tanta que desborda cinismo.

La población tiene muchos cientos de años de historia y ha sido siempre un nudo de comunicaciones e incluso capital del "reyno".

Sin embargo, en vez de crecer la población parece que vamos hacia atrás como el cangrejo.

Volviendo a lo de la ironía: En mi recien escamoteada PDA con teléfono móvil tenía un audiolibro de unas tres horas con el que estaba aprendiendo algo de vocabulario japonés y recientemente había aprendido la palabra "LADRÓN" que en japonés se dice algo así como "TOROBO".

No me habían robado nada en la vida. Jamás. Quizás algo de tiempo. (Que anda que no fastidia eso. Esperas. Colas. Ausencias.) Hace casi 20 años sí que me robaron pero no tuve yo nada de culpa. No fui yo quien dejó la puerta de casa abierta mientras hablaba por teléfono, vamos.

Y encima el ladrón de entonces fue sabiendo lo que buscaba y supo acceder con tácticas de "ladrón nivel 50" pese a tener la puerta de mi despacho cerrada con llave.

Esta vez, aunque suelo ser muy cauteloso, me dejé el seguro del coche abierto y además olvidé el móvil y la chaqueta a la vista.

Una de cada 500 veces puedo tener un descuido y olvidarme el móvil(*) en el coche.
Una de cada 500 veces puedo tener un descuido y olvidarme cerrar el coche.

(*) Un móvil de más de 500 euros.

Pero ambas cosas... Eso solo pasa una entre un millón. Y para que esa circunstancia llegase a darse, tenía que tener en la cabeza muchas cosas ajenas a mi voluntad, e imprevistos.

Ahí está la ironía.

Y más ironía: Me robaron mientras esperaba a que llegase una patrulla de la policía municipal de Tudela. (policía que por cierto está en estos momentos algo molesta con el ayuntamiento que la tiene ubicada en un viejo edificio donde han aparecido grietas y se temía por su seguridad)

Es el ayuntamiento quien ha decidido peatonalizar la calle donde vivo y fue el día que quise probar el mando a distancia para que circulemos los vecinos cuando me robaron.

Pero ¿por qué me hurtaron el móvil (ordenador de bolsillo)? Pues porque cuando quise salir por la calle donde debía salir, había unos trabajadores de la brigada de obras del ayuntamiento arreglando unos pilones para que no se cuelen coches por las aceras y probé a ver si podía salir por otra salida con pilona escamoteable con el mando, pero no iba... Así que volví a donde estaban los trabajadores y pulse el mando... y pulsaron ellos de más cerca... y tampoco bajaba.

- Vaya... pues que raro.. Hace dos minutos ha pasado un coche y le funcionaba.-
- Pues vaya.. y que hago...
- Si quieres te dejamos pasar por este hueco.
- Ya pero eso no sería una solución definitiva... Si puedo entrar y ya no puedo salir, vaya gracia!
- Bueno voy a avisar a que venga una patrulla a ver si a ellos les funciona...
- Vale pues espero... voy a ver si sigue funcionando el pilón por el que he entrado.


* Pero ahora que veo.. hay un gran tramo que es dirección contraria y me puede venir cualquiera de frente.
Será mejor que aparque aquí y vaya andando a probar todas las pilonas.

Y, sí además pensamos que esa misma mañana había estado preocupado por el móvil de otra persona que lo había mojado y no se encendía y me tomé muchas molestias en secarlo y volverlo a la vida... ya del mío me olvidé completamente.

[...]

Y la imagen, al regresar, de la base del movil colgada del cable de audio, la guantera abierta se ha quedado en mi retina como un trauma.




Dicen que los japoneses consideran las posesiones como parte del alma de las personas.

Robar un objeto en Japón no suele hacerse ya que eso de quitarles el alma a las personas esta muy mal visto.

De hecho el pasado domingo alguien contaba en las "Jornaicas" como recuperó su cartera con mucho dinero tras olvidarla en un baño muy transitado en Tokio. Y también me han contado otro caso similar en la que el dueño recuperó una cartera con un fajo de billetes en yenes con todo el dinero para el viaje gracias al personal del hotel el primer día que llegaron al país. (En estos casos hay que recompensar al que hace el favor con un porcentaje de lo recuperado, ne! ;))

Poco a poco se me va pasando el disgusto y me lo voy tomando bien. Espero que hablar de ello cumpla el papel terapéutico, o "megapeutico" para el que creé este blog. Para escribir de forma constructiva, sin meterme con nadie, o intentando ser inquisitivo pero no acusativo.

Me imagino lo duro que debió ser para el ladrón intentar llevarse el móvil al verlo enredado con tanto cable que iba de la PDA hacia el cassette y la guantera donde estaba enchufada y no saber que coño hacer.. (-ju ju ju. ¿Quién dice que el desorden es malo?) y luego -Anda.. mira! Una emisora de mp3 FM, o lo que sea esto, con un pendrive, tirar y llevar...


Irónicamente, el ladrón se llevó el pendrive dejando su tapa y otras cosas importantes ahí mismo. Una cartera muy aparente, que no tenía nada como documentación o dinero, aunque si objetos de valor como un teclado bluetooth y una batería de repuesto, quedó también bajo el freno de mano sin tocar.

Irónicamente dos días después del robo el ayuntamiento ha dedicido dejar el pilón de acceso bajado supongo que para que los vecinos, que no tienen los 45 euros que hay que pagar de fianza por el mando a distancia, puedan de momento seguir accediendo como hasta ahora.

Irónicamente en el salpicadero del asiento del pasajero de delante se notaba que el ladrón había revuelto y visto la tarjeta que usamos para aparcar en minusvalidos por la hemiplejia de un pariente. Pero no tuvo ninguna piedad de nuestra alma. Porque probablemente era un desalmado.

Mal rayo le parta al ladrón. Aquí le va mi maldición:


viernes, 20 de febrero de 2009

Y ahora un cuento

Días sombríos

Paul salió de su casa con una larga gabardina. Su figura alargada y oscura se arrastraba sobre el camino pedregoso del pequeño poblado en mitad de la arboleda.

Al final del camino se divisaba el lago que siempre visitaba con sus amigos. Sus aguas ondulantes alcanzaban los límites del pequeño mirador de piedra de su orilla.

Una nube se disipó iluminando de pronto la cara de Paul y al cerrar los ojos su mente se trasladó 40 años atrás.

Frank, Isebel y Carol corrían detrás de Paul. Paul tenía 8 años cuando sus amigos querían atraparle camino del lago.

Una negra nube cubrió el sol de nuevo. El viejo Paul abrió los ojos y volvió su mirada hacia atrás al escuchar un rumor producido por el frío aire de invierno entre las ramas de los árboles.

Al seguir su camino una bestia se avalanzó sobre la cabeza de Paul. Era un viejo grajo negro desorientado que salió volando hacia las nubes.

Isebel de 8 años y Frank de 10 sujetaban al pequeño Paul en el suelo. Carol permanecía de pié impasible.

-¡Dejarme! ¡No os he hecho nada!- chilló Paul.

Isebel le escupió. Carol se acercó con furia y cuando Isebel desvió su mirada Paul se zafó de ella y le arañó la cara.

Carol se agachó y detuvo con todas sus fuerzas a Paul antes de que pudiera golpear a Frank.

-¡Te mataré- dijo Isebel. Se volvió y levantó una piedra grande. En ese momento, Paul cerró los ojos y escuchó el ruido de una furgoneta aproximándose.

Paul llegó al lugar vacío cerca del camino donde sus viejos amigos lo apresaron mientras el ruido del motor de furgoneta permanecía en su cabeza.

Al alzar la vista, sintió el mismo pánico que minutos antes de ser perseguido por sus amigos de la infancia. Una vieja furgoneta negra venía desde el otro lado del lago.

-¡Devolvernos a nuestros padres!- gritó Isebel levantando la piedra mientras corría hacia la furgoneta.

Carol intentó detener a su amiga pero no pudo alcanzarla a tiempo. Frank se puso a llorar poco antes de que Carol le agarrase de la mano. Ella tiró de él para huir corriendo campo a través.

Isebel yacía en el suelo cuando el conductor de la furgoneta y su acompañante con uniformes de camuflaje militar bajaron y la apartaron del camino como un trapo viejo.

Paul contempló la escena aun desde el suelo. El conductor le miró y sonrió. Los dos tipos sacaron unos rifles con miras telescópicas y persiguieron a Carol y Frank.

Cuando Paul pensó que estaba a salvo, el tipo que acompañaba al conductor se volvió y le disparó con su rifle.

-¡Paul! ¿Te llamabas así? ¿verdad?- dijo el acompañante del conductor de la furgoneta desde su asiento.

Paul aturdido miraba a su alrededor mientras palpaba su cuello dolorido por un dardo anestésico.

-Tranquilo no te mataremos, chico. Los padres de tus dos amigos te agradecen la colaboración.-

Paul sintió un escalofrío en el suelo de la furgoneta frente a Carol y Frank maniatados temblando en silencio.

-¡Habéis matado a Isebel!- susurró Paul entre lágrimas.

El conductor señaló con la mirada a Paul desde el retrovisor. Paul se volvió y enmudeció al instante. A su lado yacía Isebel.

-Tienes mucha suerte, chaval. Ella te habría matado y estos dos nunca podrán hacerlo.- dijo el acompañante.

Frank y Carol se miraron con lágrimas en los ojos.

Frank conducía la furgoneta y Carol esgrimía un hacha pequeña a pocos cientos de metros de distancia. Frank tocaba el claxon y Carol aullaba desquiciada mientras se dirigían hacia el viejo Paul.

Las piernas de Paul flaquearon por la impresión y apenas tuvo fuerzas para girarse hacia el pueblo. El grajo negro volvió a volar junto al camino. Carol lanzó el hacha y Paul sintió un golpe seco en la nuca.

Un ruido estrepitoso hizo temblar a Paul después del golpe y caer de bruces al suelo. Al volverse, la furgoneta estaba tumbada, junto a un árbol, destrozada con sus dos ocupantes.

Paul se levantó. Recogió el hacha separándola del pájaro negro y volvió a dirigirse al mirador del lago.

El hacha se hundió en lo profundo del lago posándose sobre el cristal resquebrajado de un gran retrato enmarcado con la foto de Isebel y Paul con sus padres.


FIN
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¿Qué os parece el relato? ¿lo habeis "visto" (imaginado)?

Ya se que hay cosas que no se han explicado.
Pero me interesa más la forma que el argumento. Y el final se estaba poniendo algo complicado de resolver.

A ver qué impresión da a los lectores.
Por supuesto guarda similitudes con animes del tipo "Higurashi no naku koro ni", que es mi fondo de pantalla actual.

Teaser de la película de acción real "Higurashi no naku koro ni".
Cualquier parecido con mi relato es "impura" coincidencia.

En otro capítulo explicaré quiénes eran los padres de Frank y Carol y porque perseguían a Paul. (Aunque solo si este aporte se hace muy "taquillero". ;-))