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sábado, 27 de noviembre de 2010

Supersticiones y cosas raras

Estos temas no me parecen nada megapéuticos pero tengo cierta necesidad de comentarlos así que me vendrá bien escribirlo.

Cuando un señor con un extraño nombre transcrito directamente del sánscrito se pasea en túnica, al estilo del personaje bíblico de Jesucristo, en un país occidental y en nuestros días, podemos pensar alguna de estas cosas:

1. No tenía otra cosa mejor qué ponerse. Será pobre.

2. La ropa occidental le aprieta. Así se sentirá más cómodo.

3. Este hombre es un peligro. Desafía la moda impuesta en occidente y pretende terminar con la civilización moderna tal y como la conocemos ahora.

Aunque los tres puntos son algo extremistas mi mente se inclina a pensar primero en el punto 3. No es un prejuico infundado. La influencia de señores "iluminados" que tratan de lavar cerebros a gente que conozco o están a mi alrededor me produce cierta inquietud. Lo peor es que si tratas de advertirles es contraproducente, puesto que estos "gurús" logran su objetivo con sus tácticas sociológicas propias de las sectas.

Para no ser tan extremista procuro ser un poco más filosófico y trato de mirar en mi interior.

Todos nos parecemos y nos imitamos de un modo u otro así que algo tiene que haber que me relacione con los que creen en vírgenes de los milagros, fantasmas o inteligencias del espacio exterior. Pero ¿qué?

Yo también soy supersticioso. Mis acciones son impulsadas por una serie de creencias dogmáticas que no cuestiono jamás. Pero cuando surge la duda creo que soy de los primeros en desechar esas ideas y agarrar la nueva convicción con la fuerza de un tigre.

Por ejemplo me sorprende mucho que un político (con cualquier afiliación) sea honesto y leal. ¿A quién no? Esto quizás se debe a haber leído el libro "El arte de la guerra para directivos, directores y dirigentes" (De Guillem Bou Bauzá) donde se nos expone un panorama algo desolador para la gente sincera o que cree románticamente que decir la verdad es lo mejor en todos los casos. Y se explica cómo políticos y altos cargos de diversas instituciones aprovechan su posición con fines algo egoistas.

Tampoco creo en muchas leyendas y mitos urbanos que se introducen de forma casual generalmente por grandes empresas con intereses contra otras y se inventan cosas como que un conservante E4xx es cancerígeno para perjudicar las ventas de la competencia; Mientras éste es un aditivo muy común en muchos productos, se hace a base de algas, totalmente natural y con severos controles de sanidad.

Esta convicción también la adquirí leyendo información relacionada por redes electrónicas. Y me he hecho cada vez más escéptico y blindando mis "creencias" tiempo atrás; cuando visitaba con asiduidad sitios como el Museo de los Bulos: www.museumofhoaxes.com donde se mostraban noticias sorprendentes surgidas por todo el mundo y si se había demostrado su falsedad o lo contrario.

Otro mito desmontado son el efecto coriolís en entornos reducidos e irregulares como el desagüe de un fregadero o un lavabo, donde influye bastante más la fuerza del agua, inclinación y otros factores a la hora de girar el agua en un sentido u otro que la fuerza de rotación terrestre.

Mi afición a desmontar pequeños mitos también puede estar provocada tras leer hace ya bastantes años el libro "Leyendas urbanas en España" (de Antonio Ortí y Josep Sampere) que de forma amena cuentan distintas versiones de mitos y chismes que seguro hemos escuchado alguna vez y algunos incluso nos habíamos creído. Al plantearnos alguien que conocemos cosas con palabras como estas: -Fulanito, tiene un amigo que dice que...- es muy difícil dejar de creerlo.

Lo más reciente que he descartado, que aun pensaba era cierto, es la famosa leyenda de que si vas a volver a encender la luz de un fluoresecente a los 20 minutos es mejor dejarla encendida. Hasta un allegado de 70 años y supongo que la mayoría de la gente que conozco lo cree así aún. Pero aquí se puede leer una explicación que desmonta la leyenda urbana de los fluorescentes.

El caso es que leyendo y leyendo más cosas vamos reemplazando convicciones por otras. Y por eso me da un poco de miedo las cosas que lee la gente que lee demasiado. Pues puede pasarles, y de hecho les pasa, como a Don Quijote. Que leen libros de "Caballerías" y se creen caballeros andantes.

Hay libros de todo. De alienígenas, de religión, de sanación. Lo malo es cuando lo que leemos nos cae lo suficientemente bien para no cuestionarlo y encajarlo en nuestra forma de ser.

Quizás las guerras que se producen en el mundo están provocadas por estos pequeños dogmas. Creencias que no comprobamos empíricamente por nosotros mismos pero cuando alguien pretende desmontar lo que creemos tan férreamente se considera una enorme afrenta y luchamos físicamente por conservar la validez de una simple ídea que está en nuestro cerebro.

Se me quedan cosas en el tintero y seguro que en el futuro volveré a escribir de estos temas pero para quitar un poco de hierro (o ponerlo) compartiré este divertido vídeo encontrado en Microsiervos que dice: Si abres tu mente demasiado, se te caerá el cerebro.

lunes, 6 de septiembre de 2010

A un amigo que dice creerse el cuento



Cuando alguien me dice que se cree el cuento del Cambio Climático, que es preocupante, que nos concierne a todos. Se me revuelven las tripas y me recuerda algún que otro castigo colectivo en el colegio cuando uno cometía una trastada y el culpable no era hallado. Todos debíamos sufrir las consecuencias quedándonos media hora más en clase sin hacer nada productivo, ni divertido.

Pues bien aquí hay un documental la mar de interesante con el que comulgo casi plenamente.

Pero tengo que advertir para la masa-unipensante que la mente cuando atrapa una idea es muy difícil que la suelte.

Nos ha pasado siempre igual desde que eramos bebés. Soltar cosas (aunque para los padres pudiera resultar un incordio) era realmente un éxito de la voluntad. Ya que hay que hacer más esfuerzo para soltar que para agarrar.

Supongo que en mi caso nunca me creí del todo nada de lo que se dijo sobre el medio ambiente, y más cuando ya entre los 6 y 11 años tenía de profesor de inglés, activista del ecologismo, que ha seguido siéndolo toda su vida pero antes de dejar de estudiar en aquel colegio con él, cuando vi su coche diesel todo-terreno con el que paseaba a su enorme perro pensé... aquí hay una ligera Contradicción.

Y es que los humanos somos así. Impulsivos. Inconsecuentes. Egoistas. Y proclives al error.

Seguramente si estás pre-condicionado verás el documental como una mentira con intereses ocultos (¿cuáles?). O lo más probable es que el que tiene intereses ocultos seas tú mismo.

Si piensas que todo lo que dice el documental es bastante cierto, bienvenido al club. Ya no estamos tan solos en el lado de la sensatez.

(Los subtítulos tienen alguna errata ortográfica que intentaremos perdonar)
La gran estafa del calentamiento global

A continuación pego un texto que he contestado en Facebook en alusión a este vídeo, para no tener que repetirlo cuando el "timeline" de facebook sea engullido por el paso del tiempo:

viernes, 12 de junio de 2009

Ñíscalo bueno, ñíscalo frito.

Cuando llega el verano las setas florecen por doquier en bosques cálidos y húmedos.
Y los disgustos florecen como ñíscalos.

El calor altera nuestra percepción del paso del tiempo. Y nos cambia el temperamento.

Una hora real con mucho calor nos puede dar la sensación de que pasa como si fueran dos horas. Es justo lo contrario que sucede cuando el frío nos afecta. O eso vi en algún documental de "La 2".

A eso podemos sumar más horas de luz con el cambió del eje rotacional y dormir menos debido a vacaciones (o EREs) y disponer de más tiempo libre.

Cuando un humano normal es alterado de esta manera desarrolla cierta hipersensibilidad a todo lo que pasa a su alrededor.

Puedes ver mejor los detalles y escuchar con más intensidad los ruidos que resultan más desagradables.
La irritación aumenta;
La gente chilla a sus congéneres.
E incluso llegan a las manos, los puños, o artimañas letales.

Los medios se hacen eco. El vecino se contagia y una ola de frustraciones y desequilibrios se extiende como un hilo invisible, o una inofensiva gripe pandémica, como la N1H1, pero con mayor virulencia y consecuencias más sentidas.

Y ¿qué podemos hacer?: Nada. O muy poco.

Procurar huir de las molestias. Aire acondicionado, ejercicio, buenos alimentos. Y no dejar que nadie, absolutamente nadie, intenté hacer tuyos SUS malditos problemas.

Repitete el sortilegio: -El problema no es conmigo. El problema es suyo no mío. El problema es suyo no mío.

Por cierto. Entre mis contactos ya he leido por lo menos tres frases de estado con cosas como -hasta los co**nes de gentuza mentirosa-, -a mi no me miente nadie-, o similares...

Sed más constructivos.
No esparzais más malas vibraciones porque revierte en todos y se extiende la plaga veraniega del mal rollo, el -cagon tò-, y el -toda la culpa es de Pepito-.

Estropea nuestra propia percepción de las cosas y todo nos parece lleno de m*erda.

¡Qué, como suele decirse, mañana será otro día!
Mañana nos reiremos todos de aquello que nos pasó y nos disgustó.

Solo hay que poner a funcionar la vesícula biliar, tras comer unas buenas seticas fritas, mientras dormimos y soñamos que podemos volar.

viernes, 30 de enero de 2009

Verdad

La verdad es todo aquello que puede desmentirse. Si no existe una manera de demostrar la invalidez de una teoría o suceso entonces hablamos de suposiciones, dogmas y paraciencias.

Esto es muy cómodo porque los verdaderos científicos, que buscan la verdad, son los primeros que deben buscar pruebas que contradigan sus propias teorías. Y si se quedan sin experimentos que puedan desbaratar sus hipótesis entonces no es ciencia sino una mera creencia.

Todo lo que escribo en el blog o comento en sociedad no dejan de ser opiniones. De muchas de ellas estoy más convencido que de otras. Pero yo no soy científico y no calibro mis comentarios constantemente, diciendo cosas como -sobre ésto tengo un convencimiento propio del 80% y un convencimiento objetivo por pruebas de la comunidad científica de un 54,86%-. O -de ésto otro solo estoy convencido al 10%-. De una frase a otra puede variar mi convencimiento sobre lo que afirmo e incluso puede variar después de haber dicho la frase.

Entonces ¿hasta qué punto debemos tener en cuenta todo lo que oímos o leemos?

Cuando alguien se toma en serio algo sobre lo que no hay demasiada convicción, si algo después descubre el error se tiende a perder la confianza.


¿Qué es lo que más nos molesta? ¿Descubrir que algo era mentira o descubrir la verdad?

Valorar del 1 (poca) al 3 (mucha convicción) mi escala de valores sobre estas verdades.

- No existe calentamiento global del planeta provocado por la humanidad.
- No existen seres inteligentes de otros planetas en todo el universo.

- Todos los fumadores morirán.

En realidad valoro con un 3 mi convicción de todas las afirmaciones.

La última no requiere demasiadas pruebas. Todo el mundo muere. Hasta Matusalen. Solo que éstos lo hacen, hicieron y harán sufriendo más que otros.

La de los alienígenas es más difícil de comprobar, porque no hemos visto aun todos los planetas para descartarlos. Pero si los franceses podían ir casa por casa a registrar Zaragoza en busca de rebeldes en 1808, o los israelíes podían hacerlo en Gaza para buscar activistas de Hamas, nada nos impide buscar planeta por planeta y algo me dice que no vamos a encontrar absolutamente nada. Porque hay una ecuación que indica que el resultado del número de civilizaciones inteligentes posibles que pueden convivir simultáneamente en todo el universo es uno. Estamos solos en el universo, ¿y qué? Tampoco hay dioses para consolarnos.

Lo del cambio climático provocado por el hombre es otro dogma interesante del cual la gente se convence cegada por datos artificiales, sin tener en cuenta el insignificante tamaño de la humanidad. Solo 7000 millones de ánimas coleando. Mientras que el planeta es una masa enorme de agua, tierra, fuego y un sin fin de elementos naturales que se auto regulan y seguirán ahí millones de años después de la extinción de la humanidad. Aunque si no queda nadie para comprobar que el mundo sigue ahí es muy difícil afirmarlo; vale! Esa parte es expeculativa. Pero lo de la "verdad incomoda" de Gore es la mentira más propicia del pasado año para vender DVDs y que el Panel Intergubernamental del Cambio Climatico de la ONU hiciera el mayor ridículo al descubrir el error en sus cifras.

Somos capaces de hundirnos solos en la miseria o ganar diez veces lo que merecemos. No hay justicia, karma o equidad en el mundo. ¡Toma verdad!

Por lo general somos reticentes a dar credibilidad a las malas noticias más próximas.
Nos cuesta mucho asumir que algo en lo que confiábamos nos ha traicionado.

Pero ¿no deberíamos alegrarnos de tener más conocimiento y estar mejor preparados en la vida para afrontar otras mentiras? O ¿realmente necesitamos creer en ilusiones para estar más tranquilos?

Tu vecino no te golpeará y te robará porque tú no lo harías tampoco. Vale... tu confíate y no corras.
De todos modos lo último que se debe hacer ante un transeúnte de aspecto sospechoso es "provocarle" con miradas de desconfianza y pasos nerviosos. Si haces eso seguro que es porque tienes algo "valioso" que ocultar.

La ilusión de que no pasa nada y no puede pasarnos nada debemos tenerla siempre presente. Aunque no haga falta tener un doctorado en ciencias carcelarias para encontrar inmundicia a la vuelta de la esquina.

Cuando todo a nuestro alrededor se convierte en mierda, tenemos que aprender a ser como el niño optimista del cuento al que le regalan boñiga de caballo pero se piensa que le han regalado un caballo que ha salido a pasear. Hay que ver la verdad como lo que es. Solo una ilusión.