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viernes, 22 de enero de 2021

El Monte Fuji (parte 3); O ¿por qué subí el Fuji?

Téngase en cuenta que las condiciones para subir al Monte Fuji han cambiado. Ahora se requieren permisos y hay tasas para subirlo incluso en temporada de ascenso. (Nota: 10 mayo 2026)

Ha pasado más tiempo del que pretendía desde que escribí las entradas del blog relatando mi subida al Monte Fuji parte 1 y parte 2. (Han pasado más de 5 años desde que escribí esos artículos. Disculpa si soy algo redundante al volver a contar partes de la experiencia de subida.)

Ha sido una larga "go-busata" en toda regla. Pero voy a pagar la deuda conmigo mismo y con todos los que tenían interés en leer esto ahora para explicar por qué subí el Monte Fuji pese a ser bastante flojo o negado en los deportes y cualquier esfuerzo físico algo elevado.

Y también explicaré, para los que quieran subirlo cuando vuelva a ser posible, qué habría preparado mejor antes de subirlo sabiendo lo que sé ahora.

A las 5 de la mañana, hora de Japón, del 20 de agosto de 2015 alcancé en solitario con ojos algo apesumbrados, con una mezcla de sensación de éxito y fracaso la cumbre del Monte Fuji.

Éxito porque llegué a lo más alto de Japón como había previsto.

Fracaso porque a esa hora debía empezar a verse el amanecer, el Go-raikō, pero todo el Monte Fuji estaba cubierto por una gran nube neblinosa que calaba hasta los huesos, literalmente (como ya expliqué en las entradas del blog), que impidió ver el sol hasta muchas horas después, justo cuando bajé de la montaña.

En mi modesto entrenamiento, unos meses antes subí a la cumbre del Moncayo, que está a unos 2300 metros de altitud al sur de Navarra, ya en Aragón no muy lejos de Tarazona, a unos 48 kilómetros pero como es carretera comarcal y un trozo de montaña cuesta una hora llegar en coche desde donde yo vivo.

En 2015, con 41 años, con la cantidad de veces que había visitado el lugar de excursión y a comidas familiares, aún no había subido a la cumbre(ni esa, ni de ninguna otra montaña a pie) de esa cercana sierra de tres pequeños picos. Que terminan más o menos(2314m) a la misma altura por la que se empieza a subir el Monte Fuji en Japón(~2300m) hasta la cumbre en los 3776 metros.

Cuando alcancé la cumbre del Moncayo, que por entonces se me antojó difícil y agotadora desde 1621 metros de altitud, tuve un típico episodio de euforia al alcanzar la parte alta tras superar el ascenso a lo alto de la peña del Moncayo, junto a la hoya de San Miguel al atisbar la cumbre tras el suave trayecto de bajada y subida, ya superada la parte dura de escalada.

Pero al llegar a esos 3776 metros del Fuji no lo fue tanto. El tiempo no acompañaba. Y desde luego aprendí que lo del Moncayo era un juego de niños. Aunque no deja de ser una montaña peligrosa porque no está tan bien acondicionada. Y ha habido gente que se ha perdido o tenido accidentes fatales pese a ser mucho más modesta que el Monte Fuji.

En Japón alcancé los 3776 metros de altura; aproximadamente. Porque no llegué a subir a la cumbre de la cumbre dando la vuelta a todo el cráter del volcán. Pero al pasarme de largo de la Oficina de Correos siguiendo el sentido horario desde la llegada a la cumbre por la ruta Yoshida, casi estuve a los pies de la última rampa que lleva a la cumbre final. Me quedé a unos 5 ó 10 minutos del observatorio meteorológico donde está. Y lo vi a simple vista. Entonces di la vuelta y vi la Oficina de Correos.

Por eso subí el Monte Fuji, para envíar postales desde la cumbre del Monte Fuji.

Y es que la comunicación, sea por medios escritos, audiovisuales, o electrónicos siempre ha sido una de mis pasiones.

Ese día no hacía mucho viento. Aunque a esa altura sí hacía bastante fresco sobre todo durante el último tramo de ascenso. Una vez arriba, las nubes con llovizna y la falta de obstáculos, o quizás la presencia de ellos; porque no es una cumbre lo que se dice llana, hacía que no hiciera tanto viento ni excesivo frío una vez en la cumbre, aquel día.

En mis entrenamientos por mi ciudad durante el invierno en algunas partes poco urbanizadas llegué a enfrentarme a rachas de viento más duras que las que tuve en el Monte Fuji. Próximas a 60 Km./h. Y solía andar con una máscara anti viento en esas ocasiones. En el Fuji sólo necesité ponermela temporalmente los últimos minutos de ascenso. Por el intenso frío que se disipó al llegar arriba del todo.

Agosto en Japón es cálido pero las leyes de la física hacen que hasta cierta altura haya 6ºC menos por cada 1000 metros de ascenso sobre el nivel del mar. Y las 5 de la madrugada; que si lo trasladamos al modo de pensar de un español peninsular, que no usa la hora solar, serían como las 7 de la mañana en verano, y aún no son horas precisamente cálidas.

Otra razón por la que subí el Monte Fuji era simplemente mejorar la experiencia del primer viaje a Japón. Poder decir que en mi segundo viaje hice algo que iba más allá de lo que hice en el anterior y poder decir que "he estado en lo más alto de Japón".

Llevando ya 3 años estudiando japonés en clases presenciales con mi profe de japonés y el libro de texto "Minna no nihongo" lo de visitar el Monte Fuji era también algo bastante recurrente. Se habla de ese monte como un símbolo, casi como un ser vivo. Sagrado. Subirlo es "casi" una religión. Desde 2013 es patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Y luego está el dicho que probablemente me impulsó más aún de:

富士山に「一度も登らぬ馬鹿、二度登る馬鹿」

(ふじさんに「いちどものぼらぬばか、にどのぼるばか」)

-El Fuji "Si no lo subes una vez, tonto; si lo subes dos veces, tonto".-

A mí el MediaMarkt me podría vender cualquier cosa con su slogan... porque "yo no soy tonto". jaja.

No obstante sé de gente que lo ha subido incluso tres veces.

Y aún me planteo quitarme esa espinita algún día de no ver el go-raikō y llegar a la cumbre de la cumbre. Aunque uno ya está un poco mayor. A 3 años y poco de alcanzar el medio siglo de vida a mis espaldas.

Otra razón por la que subí el Fuji fue ver dos o tres blogs donde otros han contado su experiencia de subir el Fuji. También soy muy de "culo veo, culo quiero". Jaja.

Por ejemplo el blog de Ikusuki. Que veo que subió el Fuji en 2017 una segunda vez.

Y estoy seguro, por mucho que diga el dicho, que Ikusuki tampoco es tonto. Jeje.

En mis preparativos todo eran dudas. Miraba en Google Streetview para hacerme una idea de cómo es la ruta Yoshida. Que alguien subió y bajó el monte entero con ese trasto de cámara de Google encima para que podamos subirlo virtualmente en 360º desde la comodidad del hogar.

Ver el anime Yama no susume / Encouragement of Climb es una de las cosas que pude hacer y no hice hasta después de subir el Monte Fuji aún sabiendo de antemano que en la serie cobraba bastante protagonismo.

La primera temporada son episodios muy breves de apenas 3 minutos. Donde se cuenta la historia de unas chicas a las que les da por subir montañas de Japón (con las que hay).

La segunda temporada es más parecida a un anime completo; Aunque cada capítulo dura unos 12 minutos. La mitad de lo normal. Pero se dedican tres capítulos completos (9, 10 y 11) al primer ascenso de las protagonistas al Monte Fuji. Que posteriormente he visto varias veces rememorando mi propia experiencia.

Y digo primer ascenso porque en el manga ya ha habido un segundo ascenso. Aunque en las tres temporadas producidas hasta el momento del anime aún no han llegado esos capítulos.

Es una serie de vivencias sin grandes dramas, con toque comédico y lleno de consejos para la escalada casual. Y paisajes reflejados con mucha fidelidad. Y la atmósfera. El sonido al llegar a la cumbre parece sacado de allí mismo.

No me resulta tan realista el paso del tiempo. Se resume en exceso todo el agotador esfuerzo que hay que hacer. Os aseguro que el Monte Fuji no se sube en 12 ni en 24 minutos y mucho menos se termina de bajar en 36.

La ficción animada tiene estas limitaciones; o si no tendrían que hacer capítulos de cuatro horas y media.

Ver la segunda temporada completa es muy recomendable. No sólo los capítulos del Fuji sino también los anteriores porque se explican qué preparativos se hacen. Y se explica mejor (mini-spoiler) porque fracasa una de ellas en su primer intento de alcanzar la cumbre. Es quizás la parte más emotiva y que aunque yo no fracasé si empatizo bastante con ese momento por no lograr del todo ver el amanecer que he visto en tantas fotos y vídeos. Qué quizás se podía planificar mejor con algún día de margen para encontrar el día óptimo por la previsión del tiempo. Aunque que el Fuji esté cubierto de nubes es una constante del universo. Pero que lo estuviera arriba del todo toda la tarde, noche y toda la mañana ya fue mala suerte.

Seguro que de ver el anime antes, habría corregido más de uno de mis errores. Como ir desde Kioto.

El viaje desde Kioto en tren es largo. Y más aún si tomas desde Shizuoka el tren paisajístico Wideview Fujikawa. Que recorre la ladera oeste del Monte Fuji bastante más despacio que lo que tarda el tren bala en llegar a Yokohama o un lugar cercano donde tomar autobuses que te llevan directos a la estación de inicio del ascenso del Fuji al final de la "Subaru Line", o Quinta estación. O trenes que llegan con agilidad a Ōtsuki donde se toma una línea privada de tren turístico hasta Fuji-Yoshida.

En mi primer viaje, en 2011, ya había ido en un tren Wideview y el paisaje era precioso en otoño en los valles de los Alpes japoneses por Hida. Pero esta parte del Fuji, con un río medio seco, en verano de 2015 era fea. De no ser porque por primera vez miré al Fuji de frente, o de costado, y hasta ese momento no lo había visto tan cerca y ahí es donde me di cuenta de que me estaba metiendo en un buen berenjenal. ¡Lo grande qué es; el joído!

Para el tema de provisiones improvisé un poco. Más o menos tenía idea de ir al pueblo cercano y buscar un super que había visto en algún ascenso de otros reportajes en televisión. Curiosamente, la tarde-noche anterior la pasé en una sala de estar de un albergue de Kioto escribiendo las postales que me quedaba por escribir para envíar desde la cumbre del Fuji y en la TV japonesa emitían en ese momento un programa donde entrevistaban a extranjeros que subían al Fuji.

-「明日私も登ります。」- le dije a uno que entró a la sala y también vio el programa.

Lo que encontré por los alrededores de Fuji-Yoshida era más bien una drugstore con alguna que otra cosa de picoteo, y de beber como aguas, Pocari sweat(para probar) y también compré Aquarius que tenía unos envases más prácticos para la escalada al ser ligeros y comprimibles totalmente para no tirar nada en la montaña. 絶対。Y tuve que caminar bastante tanto al ir como al volver a la estación de tren donde tomaría el autobús a la Quinta Estación del Fuji. En la estación de tren, antes de ir a por las provisiones, comí un buen udón con extra de huevo duro casi como única comida importante para toda la aventura; Nada de arroces que el arroz y subir montañas me dijeron que estriñe.

La aventura la haría en dos fases. Como hacen la mayoría de japoneses sensatos.

Hay otros "locos" que lo suben de un tirón. Y también hay un cartel bien grande en el comienzo del ascenso de verdad, en la Sexta Estación, que habla de la estadística de personas que fracasan acabando heridas, con mal de altura o algo peor al intentar subir de un tirón. Más de 1 de cada 10 de los que hacen este "bullet climbing" no lo logra y se tiene que volver al ponerse malos. El 14%. Los que lo suben con normalidad, descansando, tampoco son pocos los que fracasan pero son muchos menos, 5%.

Por la ruta Yoshida cada 10 minutos (que parecen 40) hay algún refugio donde se puede comprar comidas, bebidas y sellar tu paso por cada estación al fuego bastones de madera que se compran en la quinta estación. No son unos bastones muy prácticos para apoyarse en una escalada pero pueden ser un recuerdo especial si se está dispuesto a acarrear con ellos. También tiene alojamiento que cuesta como un hotel algo caro (como 9000 yen, por entonces) pero con la comodidad de un camping de literas. Vamos, lo que viene siendo un refugio de montaña. No está permitido descansar en el interior; si no es alojándose en sus literas a la hora de dormir. Pero hay algunos bancos en los exteriores de las cabañas.

Además se sabe que hay cerca uno de estos refugios porque las letrinas y aseo que tienen en el exterior, que son de pago, con una hucha para echar unas monedas que sirven para su limpieza, se huelen a cierta distancia. Un olor a váter sin canalizar que es difícil ignorar.

El Monte Fuji es subido durante la temporada de algo menos de tres meses de verano por más de 300.000 personas cada año. Eso son muchos miles de personas al día. Y es probablemente la montaña más concurrida del mundo. No en vano está bastante bien señalizada y con ciertas comodidades que no se ven en otras montañas que hasta un niño podría subir; con equipamiento y guía adecuados. Y de hecho subían.

Fuera de esa época no se puede subir sin un permiso y equipamiento especial porque está cubierta de nieve. Incluso en verano es posible ver nieve en algunas partes de la cumbre.

Yo subí con una pequeña mochila, con mi cámara de fotos DSLR que no saqué de la mochila en todo el ascenso ni descenso por temor a que se estropease con la niebla y llovizna que se echó encima pronto.

Cuando subí el Moncayo decidí que no me llevaría la cámara para ir más ligero. Pero unos días después intentando hacer una foto de la Luna con el móvil cambié de opinión. Fue un error. Por mucho que te guste hacer fotos. Y aunque las vistas desde tan arriba puedan ser espectaculares (si no hay nubes) es mejor estar descansados y disfrutarlo; que no trabajar más de la cuenta por una imagen fija que puedes sacar con algo más ligero que una cámara completa como la del móvil. Hice más esfuerzo para nada. Además con tanta gente subiendo el Fuji cada año, hay fotos del lugar a mansalva. Y mejor que fotos; vuelos con drone en 4K espectaculares.

Eso sí, tomar fotos con el móvil y geolocalizarlas viene bien para tener un diario de la experiencia. Por si acaso usad un móvil que aguante bien el agua. A la bajada por si acaso yo no lo saqué para nada, para evitar que se estropease. 

Además prácticamente en toda la ruta Yoshida hay Wifi y red de datos 4G para retransmitir en directo con Periscope o similares. Aunque es mejor grabarlo localmente porque cuando lo usé yo la app corrompía los vídeos y los archivos de la nube desaparecen. Aún así un fragmento de lo que transmití sí que se salvó.

Lo último que incorporé a mi equipo de escalada fue un bastón plegable. Que ya tenía previsto comprar desde que subí el Moncayo "a pelo"; Sin nada donde apoyarme y poder descansar. Y envidié mucho el bastón del amigo que me acompañó.

Dos bastones tampoco habrían venido mal a la bajada del Fuji. Lo compré junto con un conocido con el que quedé en Kioto en una tienda de deportes que encontramos cerca de Karasu(el centro más comercial) y estaba rebajado de precio.

Empecé a entrenar en invierno de 2014/15 cuando mi aguante caminando, a aprox. 250 metros de altitud sobre el nivel del mar que tiene mi ciudad, apenas pasaba de 20 ó 22 minutos. Y decidí ir incrementando ese aguante a razón de un minuto diario, más o menos, hasta alcanzar paseos constantes de 90 minutos sin detenerme.

Hice un cálculo de que ese sería el tiempo máximo que me llevaría recorrer en la ruta Yoshida del Monte Fuji el tramo más largo entre refugio y refugio. Lo cual fue una asunción estúpida. Porque primero no se tarda tanto. Y segundo, puedes, y de hecho deberás descansar en cualquier momento que te lo pida el cuerpo.

A partir de los 2500 metros o poco más de altitud en el Fuji, la atmósfera es más ligera, con menos oxígeno; aunque no notas nada normalmente, si no te da mal de altura. Un esfuerzo simple como caminar se vuelve algo cansado como si estuvieras corriendo.

Uno de los truquitos que deduje eran necesarios y luego vi explicado en el anime de Yama no susume, era hacer respiraciones profundas. Inspirar y expirar. Yo lo hacía parando a respirar así, especialmente entre séptima y octava estación, unas cuantas veces. Cada 10 pasos tan solo; A veces.

Otra cosa que también me dio mucho ánimo fue escuchar música con los auriculares desde el móvil durante el ascenso.

Lo que más me enfadaba era llegar a un refugio después de haber pasado la séptima estación y el nuevo refugio, tras tanto esfuerzo, también era parte de la séptima estación. Daba sensación de que no habías avanzado nada

Uno tras otros, seguían siendo la séptima estación que tanto cuesta llegar y luego se hace más "cuesta arriba" y luego varias octava, y hay estaciones y media también.

Es como ese que te dice -cuento hasta diez- Y al llegar a 8, empieza contando en fracciones... -8 y medio, 9, 9 y tres cuartos...-

En "Yama no susume" se explica que aunque en Japón se tiene tendencia a dividir todo en partes proporcionales de 10%. Las 10 estaciones en las que está dividida la ruta desde el pie del Monte Fuji a la cumbre no son exactamente una distancia equidistante, sino que están ordenadas según el grado de dificultad de ir de una hasta a la otra. Así pues ir de la 5ª a la 6ª estación es pan comido. 20 minutos me costó; en ese punto todos dicen... -bah! Esto está hecho en un pis pas-.

De la 6ª a la 7ª estación es ya la "real thing". Más duro. De la 7ª a la 8ª es doble de duro que la 6ª a la 7ª estación. Y progresivamente es cada vez más difícil.

Antes de subir el Moncayo y casi terminando el invierno me hicieron una intervención en quirófano local, porque después de dos años sin verme el dermatólogo de la seguridad social me citó y decidió que una "peca" o nevus de mi cintura debía ser extirpada por sospechosa; pues todos los manuales indican que esa zona es "peligrosa". Finalmente fue benigna pero la intervención suspendió mi entrenamiento. Y me tuvo como mes y medio a dique seco de sobre-esfuerzos por el post-operatorio con la tara añadida de haber engordado un poco por consejo médico para la operación.

Así que todo lo entrenado no sirvió para mejorar mucho mi forma física de ratón de biblioteca pero al menos sí pude estar preparado para largas caminatas. Al aprender trucos como llevar doble calcetín o una crema especial que evita las rozaduras en los pies. Que ya tuve en los primeros paseos de menos de 30 minutos. Ja.

Otra cosa que no había comentado, este mismo dermatólogo me diagnosticó años atrás un tipo de patología ungueal en las uñas de mis pies que me hacen difícil tomar ciertas posturas como ponerme de puntillas o agacharme.

Ya digo que soy un negado para esfuerzos físicos. No obstante cuando los tengo que hacer los hago procurando adoptar la postura más cómoda.

Y si eso no fuera suficiente antes de cumplir los 18 un traumatólogo redactó un informe explicando que tengo una cadera más alta que la otra, o malformación congénita, es decir que nací con una pierna algo más corta que la otra y el pie algo cavo; Y en Pamplona médicos militares pudieron comprobar también cuando me llamaron para examinarme ante las alegaciones que me declararon exento del servicio militar.

El informe básicamente decía que me canso al andar demasiado. Y no hizo falta explicar más.

Dicho todo esto: ¡¿Cómo se me ocurre hacer un paseo de 7 kilómetros de subida y unos 7 más de bajada, a una altitud que deja literalmente casi sin aliento?!

La montaña no es desconocida para mí. De pequeño he viajado en varias ocasiones al Pirineo y hasta a las Dolomitas. Y aunque esquiar sólo lo hice una vez en Italia con un pariente que me dio una sóla lección patatera de esquí mientras subíamos en el teleférico, con resultado de cara llena de nieve mientras bajaba sin control de culo y al recuperar el control no querer volver a probar nunca más.

Sí que en el Pirineo usaba mi trineo de peque. -Oh! Creo que voy a gritar "Rosebud" en cualquier momento. Jaja.- Y en general he viajado bastante a lugares altos.

Así que, como ya he dicho, quería mandar postales. La oficina de Correos de la cumbre sólo funciona durante el verano. Y todas las cartas enviadas desde ahí llevan matasellos de "La cumbre del Monte Fuji".

Y si me propongo algo no me importan mis limitaciones. Procuro salvarlas como sea.

Cuando inicié el ascenso eran las cuatro de la tarde y en torno a cinco horas más tarde alcancé la Octava Estación Original, como a una hora más de ascenso desde la Octava Estación. Tras dormir hasta las dos de la madrugada, recoger, reponer fuerzas e ir al baño, en torno a las tres de la madrugada con la linterna a batería atada de cabeza retomé el ascenso hasta la décima estación, o cumbre que costó dos horas más. El descenso fue cosa de unas 4 horas. Parando muchísimas veces con la lengua fuera por la falta de oxígeno, supongo, sobre el bastón.

La gente que bajaba me veía al pasar apoyado y me preguntaban si estaba bien. "Tsukareta" (cansado, decía). A veces adelantaba yo a gente y otras me adelantaban a mí, mientras experimentaba el mejor modo de bajar y bajar y bajar por ese camino interminable. En el que no hay ni refugios, ni baños, ni nada de nada. 

Si tienes ganas de ir al baño, mejor ve antes de empezar a bajar de la cumbre. Aunque te dé pereza recorrer los metros que hay hasta los puestos, templo y refugio desde la ruta de bajada a cerca de la llegada de la ruta de ascenso.

Y si tienes fuerzas extra, mucha gente se da un paseo alrededor de todo el cráter. Algo que puede costar como mínimo 40 minutos o una hora. Si no te paras. Quizás dos. Yo no tenía plan de dar la vuelta al cráter porque al planificarlo me pareció peligroso. Especialmente las imágenes que vi en el Google Streetview de la parte oeste del cráter.

Aunque toda la ruta del ascenso está delimitada con unas cadenas, que no hay que tocar, pues no son ganchos para escalar, pero confieso que alguna vez las toqué y seguro que no fui el único, en la cumbre pese a que no hay muchas opciones para desviarse del cráter es más complicado orientarse. Faltan referencias visuales y no hay cadenas que delimiten el camino. Al llegar es posible que haya algún letrero que muestre mapas del lugar que conviene estudiar bien antes de moverse si es la primera vez que se visita.

Tras varias horas descendiento un japonés fue el que me preguntó a mi al pasar -¿faltará mucho para llegar?.- -Ni idea.- Jaja. Se hace muy largo.

Entre mi ropa de montaña llevaba unos leotardos especiales para mantener las piernas calientes. Pantalón especial de nieve, impermeable (aún así la cartera de dentro acabó empapada por estar todo el rato dentro de una nube con agua tan fina que atraviesa todo.), calcetines, zapatillas deportivas convencionales(las que uso siempre en ciudad) sin cordones. De velcro. Camiseta térmica; Otra camiseta Midlayer; Un Jersey con cuello de cremallera; y softshell; todo del Decathlon, braga de cuello, gorro, gafas de sol, la linterna que usé, y otra de repuesto (que perdí por la litera del refugio).

Hice caso a un amigo sobre "lleva siempre el número de linternas que necesites más una"; Uno de los mejores consejos. Hay que tener en cuenta que para ver el amanecer, gran parte del ascenso se hace de noche. Así que una buena linterna de llevar a la cabeza o atada a la chaqueta con bastante batería es imprescindible. Pero si llevas alguna más de repuesto nunca está de más.

Eso sí. Hay que andar antentos. Y procurar siempre no perder ni una astilla de plástico por la montaña. Respetar la naturaleza. Y mantener todo limpio. Puede parecer poca cosa. Pero si multiplicamos esas "pocas cosas" por 300.000 escaladores las instituciones y asociaciones "ong" que se dedican a la conservación del Fuji recogen toneladas de desechos cada año.

También me llevé algunas cosas más. Faltó un impermeable especial para cuando hay nube. Tanto para cubrirse uno, como para cubrir la mochila. Y vi a otros escaladores usarlas. Todo acabó empapado. En la oficina de Correos vi ojiplático el estado de algunas postales que incluían sobre de papel, que llevaba en la mochila escritas dos noches antes, humedecidas. Y las agitaba nerviosamente mientras esperaba mi turno para entregarlas y sellar.

El calzado tampoco era el más apropiado para el descenso. Para el ascenso quizás sí. Porque aunque todo es bastante liso, hay partes que son de verdadera "escalada" con rocas que hay que salvar y subir para arriba sin resbalar. Al bajar, entre la humedad y la tierra se llenaron bastante de barro al arrastrarlas constantemente.

Además en el refugio, al despertarnos a las 2AM, nos recomendaban no subir por estar el suelo mojado por la lluvia. Aunque todo el mundo subía ya en la hora punta del ascenso, camino del no-"go-raikō". Aunque como era día de labor y ya había pasado el Obon no era de los días más concurridos. Pero esas dos horas de ascenso a la cumbre no cabía un alfiler entre la Hon Hachi GōMe y la cumbre.

Para reservar la plaza en el "hotel" Fujisan de la Octava Estación Original 本八合目 (que a veces traduzco equivocadamente como "Verdadera Octava Estación"; pero en realidad es que esta vieja octava estación se trasladó, o se creó otra nueva octava estación más abajo; quizás para repartir mejor el caudal de escaladores; Aún no he leído mucho acerca de este tema. ) pedí ayuda a mi profe que pudo contactar con ellos estando en Japón dado que la propia web, aunque llegué a usar un proxy que me permitía acceder, llegó un momento en que no dejaba hacer reservas desde fuera de Japón.

Curiosamente en la Octava Estación, más abajo, el simpático personal del refugio me ofrecía quedarme a dormir, sin reserva previa, oferta que tuve que rechazar pues ya tenía mi reserva más arriba. Y hubiera sido además más duro el ascenso desde tan abajo. Desde Hon-hachi-gōme fue cosa de dos horas a muy buen ritmo y no me cansé tanto como todo el ascenso anterior. Y además se iba en fila india, ya sin nadie adelantando a nadie y parando todo el mundo justo cuando tenía necesidad de descansar.

El poso de la experiencia se queda para siempre. Sólo hay dos tipos de personas en el mundo, los que han subido el Fuji una vez en su vida y los que no.

Hay una montaña en Tenerife que tiene muchas similitudes con el Monte Fuji, el Teide (casi la misma altura, también es un volcán aunque está en otra latitud quizás algo más cálida), pero los "escaladores" no tienen que hacer tanto esfuerzo porque allí hay teleférico. No obstante, al subir más deprisa, creo que es más frecuente la gente a la que le da mal de altura en aquella.

En el Monte Fuji leí que hace bastantes años hubo intención de poner teleférico pero un movimiento de interesados en su conservación juntó apoyos suficientes para impedirlo. Y creo que es mejor así. 

La experiencia te conecta con la naturaleza y con tu propio ser. No estoy hablando de milongas místicas ni espirituales pero sí te hace apreciar la inconmensurable grandeza de la naturaleza, alejado de la ciudad, y muchas comodidades salvo por las cabañas desperdigadas que ofrecen alimento y refugio del frío e inclemencias climáticas de las primeras horas de la noche; Y aprecias el valor de hacer las cosas con el esfuerzo de tus propios pies y manos ligeramente limitados por la atmósfera aligerada de oxígeno.

Los más vagos y pudientes pueden contratar unos burritos, que cuestan igual 40.000 yen o más, una burrada; según el trayecto a recorrer y que hay en la Quinta Estación y pueden ahorrar la caminata y escalada hasta la séptima estación; que es una ruta dura. Pero a partir de ahí hace falta mejor abrigo aún, estar descansado y tomar buenos alimentos.

Hay también cerca de la sexta estación, como a 3 kilómetros de la quinta al regresar por la ruta de descenso, una zona por la que también hay burros de alquiler. Recuerdo al llegar el primer día a la quinta estación y empezar mi ascenso que vi volver a un burro de estos con un "gaijin" recostado en la carretilla que parecía para el arrastre de cansancio.

Yo tras tanta paliza pregunté en los burros de vuelta por el precio. El hombre me lo escribió por si no entendía japonés y mientras me iba tras reclinar la oferta, el hombre me animó con un sonoro "GANBARE". Y ya desde ese punto se me fue todo el cansancio. Había árboles; al contrario de más arriba donde no crece vegetación. Es decir, había oxígeno y me sentí perfectamente varios kilómetros antes de llegar al punto de partida a 2300 m. de altura; donde hay grandes baños que no costaban dinero, al menos ese día. Y tiendas, otra oficina de correos, por si no queréis matasellos de la cumbre pero queréis presumir de matasellos desde el mismo Monte Fuji; restaurantes y varias lineas de autobús. 

En temporada de ascensos de verano no se puede llegar en coche salvo si son no contaminantes, eléctricos o de célula de hidrógeno. No obstante no lo recomiendo porque la de autobuses que suben y bajan es demencial y conducir entre ellos, aunque no se adelante, puede ser muy estresante.

Y creo que ya me he explayado a gusto. Si estas 29.600 letras no me parecen suficientes iré modificando el artículo y añadiendo cosas que lo mejoren. Aunque quizás lo suyo sería resumir. Pero tengo poco tiempo para eso ahora. Jeje.

Si quieres aportar algo utiliza los comentarios o contáctame por Twitter y muy agusto te leeré.

jueves, 20 de agosto de 2015

FreddyJP15 - Día 8 - El Monte Fuji (parte 2)

El 20 de agosto a las 5 de la mañana fue la fecha y hora que escogí meses atrás para hacer cumbre. Era la hora prevista del amanecer en el Monte Fuji. El Go-raikō.

Como ya conté en la 1ª parte, había decidido subir el 19, terminando de subir el 20, y luego bajar de un tirón. Como hacen la mayoría de japoneses responsables que suben por primera vez.

Era jueves, día de labor, y habían terminado las fiestas más populares del verano en Japón, el Obon. (Aunque hay festividades todo el mes de julio y agosto en distintos lugares.) Lo que lo hacía un día relativamente tranquilo.

Además aún quedaban 3 ó 4 días para que terminase la temporada de aperturas de verano antes de que la Oficina de Correos de la cumbre dejase de abrir de 6 de la mañana hasta las 14 horas.

Esa noche dormí poco. Percibí la llegada de algún otro excursionista más que creo que pusieron algo más lejos de mí. No pegado a otro como hicieron cuando llegué yo.

Y escuché unos truenos tan fuertes como si cabalgasemos sobre las mismas centellas del rayo. Las lluvias previstas para la tarde del día siguiente parecían haberse adelantado unas cuantas horas.

Nunca había oído truenos de esa manera. Acostado comodamente en el refugio de montaña a 3400 metros de altitud, era como estar dentro de una ballena del tamaño de un estadio cuyo estómago ruge con hambre feroz.

La naturaleza se ve más majestuosa cuando no se encuentra totalmente invadida por las comodidades del mundo urbano.

De cualquier modo estando bajo techo dormí plácidamente esperando que llegase la hora de ponerse en marcha.

Y puntualmente, a las 2 de la mañana (en mi idioma serían 2 de la noche.), un empleado del refugio subió a la planta de las literas y anunció a todo el mundo que debido a la lluvia se recomendaba permanecer en el refugio y ver el go-raikō desde ahí; Al estar el camino a la cumbre mojado, podría ser peligroso y hacía más fácil posibles resbalones.

La ruta Yoshida tiene la peculiaridad de que el amanecer puede verse desde cualquier punto del ascenso de modo que si no llegas arriba del todo a tiempo no pasa nada porque verás el espectáculo de la salida del sol sobre las nubes desde la montaña igualmente.

Pero eso no es exactamente lo que significa el Go-raikō para los que realmente quieren verlo. Al margen de que tenía una entrega de postales pendiente en "Fujisancho", la cumbre del Monte Fuji.

Tras apenas 4 horas de sueño me espabilé con calma, recogí mis cosas en la mochila. Pero parece que perdí una de las linternas portátiles que llevaba con un colgante, especial para enganchar en el jack de audio del móvil. Palpé un poco, pero no quise perder más tiempo buscándola. Apenas valía 3 euros. (poco más que un botellín de agua mineral en la 8ª estación.)

Afortunadamente era la de repuesto y la linterna principal estaba conmigo con suficiente batería que me dio luz todo el camino hasta la cumbre. Fue buen consejo ese de "lleva siempre las linternas que necesites, más una." (by Achifaifa)

Al asomar al baño en el exterior del refugio, vi que iba pasando gente subiendo a la cumbre ya.

Tras pagar mis 200 yen para usar el baño me puse en ruta hacia la cumbre, en mitad de la noche detrás de una fila cada vez más densa de otros escaladores.

 Saliendo del refugio en torno a las 3 de la mañana todo iba según el plan para llegar a la cumbre a la hora. Con la pequeña molestia de una nube que cubría todo el Fuji.

Como la humedad era muy alta no hice fotos o vídeo con el móvil hasta estar a punto de alcanzar la cumbre. Y guardé la bolsa con mi cámara de fotos dentro de la mochila para mayor protección y llevar todo más compacto.

Tampoco me puse a escuchar música para no liarme con los cables y evitar tocar el móvil. Además en esos momentos la tensión aumenta lo suficiente y mi atención se centraba en seguir subiendo, descansando cada vez que paraban adelante. Porque las paradas eran muy frecuentes y podía seguir el ritmo estando recién descansado.

Toda la subida desde la quinta estación estaba salpicada de todo tipo de excurionistas, los había en grupos pequeños de amigos, en grupos grandes de viajes organizados con un guía que les daba consejos, había alguno religioso con peculiares sombreros que iban canturreando y manteniendo un ritmo constante sin correr pero tampoco parar.

Pero este último tramo de subida la variedad de gente subiendo se reducía ya que ya no adelantaba a nadie y nadie me adelantaba a mí.

Tras un esfuerzo insignificante en comparación con lo que fue el día anterior de la 5ª a la 8ª estación principal, empezó a clarear y vi lo que me parecía ser la llegada a la cumbre así que saqué el móvil y empecé a retransmitir via 4G con Periscope los últimos segundos de mi ascenso a la cima. Justo en torno a las 5 de la mañana, tal y como tenía previsto.

Los japoneses son tan chulos que tienen 4G en todo el monte Fuji. Practicamente en toda la ruta Yoshida y en la cumbre.

También hay Wifi pero no llegué a probarlo. En cualquier caso es una red menos estable y con menos alcance.

Pero lo de "clarear" era un decir. A más de 3700 metros de altitud la nube cansina se empeñó en no dejar ver el amanecer además de aumentar la humedad en un "10000%". La decepción se apoderó de mí. Y aunque llegué hasta ahí arriba. Había dos o tres cosas más que podía haber hecho pero la sensación de frustración me hizo no pensar en ello siquiera.

Una cosa sería dar vuelta al crater para ir desde la parte norte al sur para llegar a la auténtica cumbre de la cumbre. El pico de 3776 metros. Era como 40 minutos o más de paseo. No tenía ningún ánimo de ir hasta allí. Además, por fotos que se ven en StreetView, según por donde fuera parecía peligroso.

Otra cosa que luego eché en falta son más fotos o vídeos con la cámara DSLR. Llevé un peso muerto en mi mochila que hizo muy (muy, muy) cansado el ascenso sobre todo el día anterior para no sacarla siquiera de la bolsa. Y es que con tanta humedad no quería que se estropease. Así que sólo usé el móvil y en pocas ocasiones también.

La ironía es que en mi entrenamiento dos meses atrás, subiendo de los ~1600m a 2300m en la sierra del Moncayo, ya había decidido no subirme la cámara por su peso. Pero cambié de idea, como si no hubiera fotos desde el Fuji mucho mejores que las que yo hubiera podido hacer aún con condiciones meteorológicas favorables.

Respecto al tiempo, apenas hacía frío. Yo llevaba buena ropa y hubiera aguantado incluso temperaturas bajo cero y rachas de viento. En donde vivo Tudela aguanté con la chaqueta tipo softshell y las capas intermedias rachas de cierzo en invierno cercanas a los 60km./h.

Durante el ascenso llegué a ponerme la máscara que me llevé que cubre nariz y boca. Pero más tarde no la consideré necesaria. Además llevaba un pantalón tipo media bajo el pantalón de esquí que evitaba cualquier resquicio de frío.

Al estar cubiertos por una nube nos ahorramos la previsión de rachas de 40 Km./h. Y tuvimos una mínima próxima a los 6ºC o más calor, sin viento.

En la cumbre había unas sillas como para sentarse a contemplar el paisaje al amanecer. Pero nadie estaba atento a mirar el go-raikō porque no se veía nada y la gente entraba en los refugios a tomar un desayuno caliente y comprar recuerdos. Yo me acerqué a un puesto en el exterior y compré el segundo botellín de agua de mi ascenso. Este estaba de oferta por 400 yen.

Pregunté al hombre mayor que me la vendió por donde estaba la Oficina de Correos y me contestó que a unos 20 ó 30 minutos en dirección este-sureste, siguiendo las agujas del reloj por el cráter. Lo cual me empezó a desanimar. Porque pensaba que estaría más cerca.

Como aún era pronto incluso con el paseo por delante también entré en la tienda - comedor - refugio cercana y eché un vistazo. Recuerdo que me senté un momento pero no compré nada, así que seguí haciendo tiempo de pie en la entrada bajo el porche, evitando un poco la lluvia.

Luego hablaré de la lluvia.

Partí camino de correos. Pese a estar en la cumbre el camino es bastante retorcido, sigue habiendo subidas y bajadas y el camino tiene vericuetos y estrecheces y no está tan señalizado como la subida que es difícil salirse de la ruta. De hecho me pasé de largo y tuve que desandar un poco hasta encontrar la Oficina de Correos.

Si hubiera seguido un poco más, otro tanto, desde la oficina de correos que está en la parte este del Fuji, habría llegado a la cumbre de la cumbre, en el sur del crater.

Aunque no por el camino que me había pasado que era un punto sin salida.

En la oficina había gente esperando y era un lugar muy pequeño pero aún así no había demasiada cola y apenas tuve que esperar a ser atendido. Antes de eso me quité la mochila y abrí el bolsillo donde había metido las postales.

-HORROR! Están todas empapadas! ¿Podría ser que el bolsillo no estuviera bien cerrado? No. No era eso.

Las agité un poco ahí mismo como pude, a ver si se secaban un poco. Las más afectadas eran quizás las que iban metidas en sobres de papel. Aunque alguna postal llegó a su destino algo acartonada. Las entregué y pedí un set de postales exclusivo de esa oficina que contiene un certificado de que:

"DON....<ponga aquí su nombre>"

-Tú has llegado al lugar ubicado en los 3776 metros sobre el nivel del mar en la cumbre más hermosa del mundo del Monte Fuji. Has logrado ascender hasta allí y esto lo certifica. Oficina de Correos de la cumbre del Monte Fuji. <20 agosto 2015>

Y un sello de 52yen para enviarlo por correo a tu casa en Japón, o añadir 18yen(al menos) más para enviarlo a otro país; y le pongan el matasellos de la cumbre.

Yo me lo guardé y sólo envié las postales. También había una para mí, así que matasellos de la cumbre también iba a recibir. Además de que envié varios tweets con foto geolocalizados y fechados.

Ahora el certificado está colgado en la pared junto a otro más pequeño que indica fecha, lugar de inicio del ascenso, temperatura, tiempo, lugar y momento del descenso, también con sello para enviarlo a Japón.

La funda de ambas postales es una maravilla de foto del Fuji en tamaño A5 vertical tipo carpeta plastificada donde se puede apreciar la ruta de subida y bajada aunque medio cubierta de nieve, y todo el set sólo costaba 500 yen (impuestos incluidos).

Había también otros diseños de postales, incluso en "3D", sellos y llaveros originales disponibles este año 2015 sólo en esa oficina según hayé en esta web: http://www.post.japanpost.jp/notification/pressrelease/2015/08_tokai/0707_01_02.pdf

Después de desandar el camino desde la oficina postal, que quedaba ya en la prefectura de Shizuoka, volví a la prefectura de Yamanashi por el cráter buscando el camino de descenso que es distinto del de subida, o se armaría un follón inmenso entre los que suben y bajan continuamente.

El camino de descenso es uniforme y ancho. Y va siempre en tramos de cierta longitud en zig-zag durante medio descenso y tramos algo más cortos también en zig-zag en la otra mitad. Yo diría que das media vuelta como 70 veces o más (o quizás un poco menos).

Ojalá el camino de subida fuera tan cómodo, pero la distancia es algo mayor y también se podría hacer muy pesado. Seguro que muchos lo preferirían a las inmensas escaladas rocosas y desalentadoras que se encuentran cada dos por tres en el ascenso.

Es ahora cuando quiero hablar de la lluvia. Desde que empecé el ascenso a la cumbre este día, empezando en la Verdadera Octava Estación (3400m), la lluvia era fina. Invisible. No se notaba nada. Salvo que estaba nublado y húmedo. La razón por la que las postales estaban empapadas era que la lluvia atravesaba incluso el material impermeable de la mochila.

Atravesó incluso mi softshell impermeable, y mi pantalón de esquí impermeable.

Mis caros guantes de nieve de Goretex marca Salomon parecían una esponja empapada por dentro. Con la que podrías limpiar perfectamente un edificio de 5 plantas con el agua que tenía acumulada.

Mis zapatillas deportivas, que uso siempre, -no usé botas de montaña, porque pesan y no suelen tener buena adherencia- no me dieron guerra en el ascenso; y se llevaron la peor parte en el descenso que empezó a las 7 de la mañana y terminó casi 4 horas después, a las 10:49.

Y es que aunque la pendiente es suave, es continua y no haces más que bajar y bajar durante horas. Arrastrando tierra rojiza, que combinado con la humedad de la lluvia fina-invisible las llenaban más y más de barro.

Si la primera parte de la subida fue un esfuerzo tremendo, el descenso fue peor. Pese a ser un camino más cómodo, sin obstáculos, salvo puntuales cruces con los bulldozer de mantenimiento, que cerca de las 10AM suelen transitar algunos puntos del camino hasta intersecciones que tienen para su uso exclusivo.

La falta de aire por la altitud, y lo largo que se hacía el camino, combinado con el madrugón, el desaliento, tal vez por el disgusto de no haber visto el go-raikō, y la fina lluvia-invisible, hacían que la bajada se hiciera muy larga. Además no se me ocurrió en ningún momento ponerme a escuchar música, algo que me animó y ayudó mucho al subir el día anterior. Pero me preocupaba que se mojase el móvil más, como las postales.

En este tramo no hay casetas o refugios donde parar a sentarte o comprar provisiones, si quieres pararte lo haces en una roca en cada esquina del camino en zig-zag, o, como hacía yo, directamente sobre el bastón de escalada que llevaba.

Me vino muy bien como lugar sobre el que me recostaba. En una ocasión alguien vino detrás y preguntó si estaba bien.

-Estoy bien. Sólo cansado. :D

Creo que me lo preguntaron más de una vez. 疲れました!

La misma persona más tarde me llegó a preguntar a mí, primero si era el camino correcto y luego cuánto faltaba para llegar.

Son como 7 Km. en total. Cuesta abajo. Y la gente que me adelantaba solía ir más ágil que yo; pero en general también con alguna dificultad; y más de uno buscaba el modo de descender más apropiado. Algunos caminaban de lado. Vi a una chica bajando de espaldas, clavando los talones contra el suelo, junto a otras personas que iban normal o haciendo "drifting". Todos con la finalidad de amortiguar la pendiente.

Durante el descenso no adelanté a nadie o casi nadie. Si lo hice, no tardaron en volverme a adelantar y dejarme muy atrás en mis largos descansos sobre el bastón.

No había casi gente a esas horas bajando. Menos incluso que la que me crucé subiendo sólo medio tramo entre la 6ª y la 7ª estación.

Fue una paliza, aunque curiosamente lo que tardé en bajar no difería mucho del tiempo medio previsto. Y eso contando los descansos. Ya que no hice más que parar y parar y parar y parar y parar a descansar sobre el bastón que poco a poco se presionó tanto que, una vez abajo, no fui capaz de desenroscarlo para plegarlo.

Me faltaban fuerzas. Intuí que no recuperaría la condición física hasta que bajase más altura. Pero no la recuperaba, por muchos tramos de unos 50 metros (a ojo) más o menos que recorriera siguiendo el zig-zag del camino.

En ocasiones yo mismo hacía zig-zag en el ancho camino. Ese también es un truco, para amortiguar la rampa o la pendiente, que me enseñaron en las pirámides de Teotihuacan. Jejeje. Ya podrían ser sólo los metros que tiene la pirámide Sol, la subida al Fuji.

Después, los tramos de zig-zag se hacen un poco más cortos pero aún quedan como 30 largos tramos con sus giros que ya había estudiado en casa, aunque hay pocos planos claros de la ruta. Y sabía que aún faltaba mucho.

Finalmente dejas de hacer zig-zag y empieza a haber más vegetación, llegas al tramo que es todo recto, pero aún faltan más de 3 kilómetros hasta el punto de partida en la 5ª estación.

Es en este punto cuando las fuerzas empiezan a volver. Ya no estás tan cansado. Aunque pagarías un c*jón por que las mulas que viste en la 5ª estación para subir a la 6ª estación (pueden llevarte hasta la 7ª) te llevasen lo que queda del camino.


Cuando empecé a atravesar los pasajes anti-desprendimientos tuiteé con esta foto "Ultimos tramos de descenso" y es como aquel que dice "ya estoy llegando" pero aún te falta cruzar Narnia, el campo de Oliver y Benji, Mordor, Ikea y hacer autoestop por Invernalia a ver si te recoge un carro camino de Desembarco.

Es decir, faltaba aún aproximadamente una hora para llegar; en versión no extendida por Peter Jackson.


Pero estando ya por debajo de los 2500 metros de altura ya no notaba tanto cansancio, ni necesitaba hacer prolongados descansos. Notaba las fuerzas volver.

Después de atravesar unos cuantos túneles anti desprendimientos más me encontré con un área donde había caballos amarrados y el encargado me preguntó si quería viajar en ellos a la 5ª estación.

Me di la vuelta y pregunté, por curiosidad, Ikura desu ka?

El hombre sacó un papel y me mostró el precio: 12000 yen.


A lo que respondí, Takai. Arigatō. Y seguí mi camino mientras el hombre me daba ánimos para lo que me quedaba de camino con un Ganbare〜!

Pensé que, con todo lo que he caminado lo que falta es insignificante para pagar ese dineral. Y así fue.

Al alcanzar la 6ª estación, tras juntarse el camino de descenso con el de subida, en 20 o 30 minutos más llegué al lugar desde el que comencé mi subida al Fuji.

Fui al baño. Traté de secarme un poco. Y descubrí otra sorpresa al mirar en un bolsillo de la bolsa de la cámara de fotos donde guardaba una batería de repuesto y el billete de vuelta de autobús que, HORROR! -Está empapado y pegado a la batería.

Fui al despacho de billetes algo preocupado y me dijeron que no pasaba nada y me indicaron la hora y lugar del próximo autobús de regreso a la estación Fujisan en Yoshida.

Al llegar el autobús la interventora se rió, al mismo tiempo que lo hacía un ojiisan que estaba sentado en la primera fila, al entrar mostrando el billete pegado en la batería mientras decía 雨ですから o 雨のために。-"por culpa de la lluvia..."-


El autobús se llenó de excursionistas que regresaban del Fuji y tuiteé a eso de las tres de la tarde que más de una docena de personas del autobús estaban durmiéndose en el trayecto, incluído yo.

Pasamos junto al parque Fuji Q Highland, que tiene montajes especiales de Evangelion con una cabeza del robot a escala 1:1, y otras atracciones.

Después pude volver a ver el Monte en la lejanía. Se dejó ver! Como despidiéndose.

Una vez llegué a la estación, necesitaba cambiar un billete en monedas para la consigna pero....

HORRROR, y van ya tres sustillos ese día. Aunque éste es, con diferencia, el más preocupante. Todo el contenido de mi cartera, que está plastificada, cerrada con velcro, metida en el bolsillo con cremallera del pantalón especial impermeable de montaña, incluído pasaporte y fotocopias con teléfonos y datos de interés, estaban empapados como si hubieran estado dentro de un río.

Y llevaba billetes con en torno a algo más de 10.000 yen (70€).

El problema lo resolví yendo al baño del centro comercial donde comí el día anterior. Y secándome todo lo que pude en el secador automático. De vez en cuando entraba alguien y yo disimulaba. Mientras me secaba un calcetín, la cartera, o un billete tras otro.

Al salír del baño había una máquina que daba cambio. Y probé suerte con el billete aún algo húmedo a ver si me daba monedas. Y la hubo.

Fui a la consigna y recuperé mi maleta. Volví con ella al baño y me terminé de cambiar; y de secar cosas importantes. Algún papel que era redundante y difícil de recuperar lo tiré. Metí toda la ropa de escalada en bolsas al vacío que me llevé para reducir el espacio. Aunque con la humedad que tenían no se redujo todo lo posible.


Después salí a comprar algún refresco en una máquina expendedora delante de un apeadero de autobuses y me senté en un banco mientras intentaba desplegar el bastón para ver si podía meterlo en la maleta. Pero no había manera.

Un amable japonés me vio en apuros y preguntó. Se le ocurrió que él podía tirar en un sentido mientras yo tiraba en otro. Y FUNCIONÓ. Le dí un emocionado ありがとう! Muchas gracias. Y guardé el bastón en mi pequeña maleta con ruedas.

No tenía reserva de tren desde ahí hasta Tokio. Pero sí una a las ocho de la tarde desde Tokio a Utsunomiya. Así que me fui encaminando.
Cogí el primer tren de vuelta a Ōtsuki, que no era tan turístico y peculiar como el de la venida, y no hacía tantas paradas para mostrar el paisaje de alrededor.

Desde allí miré varias opciones y elegí el tren más directo hacia la estación de Tokio.

Unos catalanoparlantes pasaron delante de mí y entraron en un tren que paraba en Mitaka (la ciudad del Museo Ghibli), le preguntaron a una señora: -Mitaka made? "Hacia Mitaka?". A lo que asintió.

Unos minutos después llegó mi tren que me llevó a Tokio.

Allí entré en un "Uniqlo express" pequeñito que hay en la misma estación y decidí comprarme un pantalón nuevo que me hacía falta. Y busqué otras prendas en un H&M del mismo edificio aunque no encontré algo típico de Japón como calecetines tabi o así. Claro. H&M no es una tienda muy japonesa que digamos.

Finalmente tomé el tren bala hacia Utsunomiya. En Tokio hacía un calor infernal pero en Utsunomiya, más al norte, se estaba bastante más fresco.

Al llegar a Utsunomiya fui al hotel donde me atendió una recepcionista que me dijo que hablaba algo de español. Y me explicó el sistema de "amenities" que tienen junto al ascensor donde te puedes proveer. Me llevé un "relajante" de ojos que me hizo gracia. En la habitación revisé mis pies tras todo el periplo y salvo algo arrugados como si hubiera estado metido unas horas en una bañera estaban en buenas condiciones, sin rozaduras o señales del esfuerzo al que los había sometido.

Tenía un descuento que había imprimido antes de ir a Japón, para cenar en un local de gyoza (y otras comidas) con el que me regalaban la bebida.


Utsunomiya es conocida como la ciudad donde se originó el gyoza. Especialidad japonesa derivada de un tipo de empanadilla china.
El hotel estaba a pocos pasos de la estación de tren y en la plaza de delante de la estación había bastantes restaurantes. No vi ninguno que no fuera de gyoza en la capital del gyoza.

Al menos, en ese momento. Y, del que tenía descuento, había dos pequeños restaurantes de la misma cadena en la misma plaza.

Comí 6 gyoza de cerdo con salsa de soja, y un buen ramen junto a mi bebida gratis, que creo fue un zumo de naranja. Todo por 1058 yen (8 euros). Casi no suelen tener refrescos en los restaurantes típicos especializados, y a veces ni agua.... Hay que insistir con el agua, a veces. Aunque hay donde te la ponen sin preguntar, gratis. Vendría bien saberse la palabra お冷 "o-hiya" -agua de beber- (literalmente, agua-fría). En vez del típico 水 "mizu" que es más genérico y no siempre lo entienden cuando quieres beber.

Todo bien acompañado de un "kudasai" -haga el favor-. O más humilde "kuremasenka" -no me haría el favor usted?-. Allí las formas lo son todo.

Eran más de las once de la noche, la última hora en la que permanecía abierto ese restaurante. Y me acerqué a un combini a comprarme algo para el día siguiente y un postre que comí en el hotel: "suika" (sandía) que pagué con tarjeta Suica. Jeje.

Fin del día más largo de mi vida. :D (De 2AM a ~0h)

Todas las fotos del viaje están en: Google Photos - FreddyJP2015 - Japón 2015

No he terminado, ni mucho menos con el Monte Fuji. Habrá parte 3.
Tengo algunos vídeos que mostrar y un artículo más extenso explicando por qué decidí subirlo; cómo me preparé para la aventura; alguna anédota que quizás sorprenda, consecuencias y conclusiones de haberlo subido y consejos importantes para quien quiera subirlo también.

Pero tardaré un poco más. Hasta que acabe de completar el diario de este segundo viaje de dos semanas por Japón. Ya hemos pasado el ecuador.

miércoles, 19 de agosto de 2015

FreddyJP15 - Día 7 - El Monte Fuji (parte 1)

Llegó el día para el que me había estado preparando durante meses.

No soy deportista, y no lo seré nunca. No voy a dedicarme a subir montañas porque haya subido una o dos, ahora.

Soy más flojo que la mierda de pavo pero hay una constante en mi forma de ser que implica que aquello que me propongo y está en mi mano, lo hago. No hay excusas.

El miércoles 19 de agosto me levanté antes del amanecer. Me despedí del albergue de Kioto y me encaminé con mi equipaje hacia la estación, a tomar el primer Tren Bala de la mañana.

El Monte Fuji estaba, en principio, a 6 horas de distancia (~585Km) entre trenes y un autobús hasta la conocida Quinta estación, también llamada Subaru Line, en la ruta Yoshida.

Para una empresa tan ambiciosa como subir el Monte Fuji fue poco razonable comenzar el viaje desde tan lejos, pero lo planifiqué así con el fin de aprovechar más el viaje. En inglés "turismo" se dice "sightseeing" es decir "Ver lugares dignos de ver". Y eso es lo que quería hacer en mi viaje. Cuantos más mejor.

No contento con eso escogí una ruta más corta (~525Km) pero con un tren más lento, el Wide View Fujikawa, tardando una hora más de lo posible.
Y lo hice totalmente a sabiendas. Porque quería aprovechar aún más el viaje, tomando la ruta paisajística. Que bordea el Monte Fuji desde Shizuoka, por la ladera oeste del Monte.

Comparado con el Hida Wide View, que usé entre Nagoya y Takayama en otoño cuatro años atrás, esta ruta junto al río Fuji, en verano es bastante más fea. Con el río apenas sin caudal. Pero sigue siendo un recorrido muy bonito y bastante más pintoresco que dando un rodeo rápido por el este, desde Tokio o Yokohama; Y a mí me valió la pena.

El inmenso Monte Fuji apareció ante mis ojos más cerca de lo que lo había visto nunca subiendo hacia el norte, camino de Kōfu en el tren paisajístico, desde Shizuoka. El espectáculo era impresionante y empecé a intuir dónde me estaba metiendo.

El transbordo de tren, en Kōfu, fue el más rápido del viaje. Apenas había un minuto para cambiar de anden por un paso superior, por el que otros turistas y yo corrimos, escaleras arriba y abajo, hasta abordar el siguiente tren que estaba esperando en su vía cuando llegamos en el Fujikawa Wide View.

Más tarde, en 大月 Ōtsuki abordé el cuarto y último tren del día, el tren turístico Fujikyu. Una línea privada de tren, que es la única que te acerca a la ciudad de la ruta Fuji-Yoshida. Pagué con SuiCa más un suplemento por reserva de asiento; que, creo recordar, me cobraron en metálico. La decoración del tren por dentro era, sin duda, la más curiosa de mi viaje. Con asientos y mesas como si estuvieras en un barco o la terraza todo de madera de algún extraño bar country. Otro vagón más allá la decoración era diferente, aunque no lo retraté de cerca. Además la interventora y guía que anunciaba los lugares por donde pasábamos, en un momento dado, nos prestaba una pizarra con la fecha y nos hacía una foto con nuestro móvil o cámara a todos los pasajeros que estabamos por ahí. Algún espabilado japonés pidió hacerse una foto con ella.

Al llegar a la estación de tren Fujisan, en Yoshida-shi. Dejé la maleta en una consigna de monedas próxima, sacando mi mochila, bastón y cosas para el ascenso. Y comí en un restaurante del centro comercial de la estación. Concretamente unos fideos udon. Yoshida udon con carne y extra de huevo duro.

Después busqué con el móvil algún supermercado cercano. Encontré algo parecido a un drugstore grande al que fui caminando. En total 1,5 Km. entre ir y volver. Buena caminata antes de llegar si quiera a la montaña. Allí compre un par de botellines de Pocari Sweat (para probar) y Acuarius que tenian un envase práctico para la escalada que pesa poco y se puede reducir mucho su tamaño después. También algún botellín de agua (debí haber pillado un par más de las que compré), algunos zumos, algunas cosas dulces y, entre otras cosas, un sobre que tenía mini bocaditos de salchichón. (Qué picaba y no sabía muy bueno. :))

Finalmente, de vuelta en la estación compré mi billete de ida y vuelta (válida para el día siguiente) en autobús al Monte Fuji.

En la mochila me había metido alguna ropa para cambiarme para la montaña y aproveché este momento para equiparme del todo.

Eran cerca de las tres y ya empezaba a ser tarde para iniciar el ascenso si quería llegar con luz del sol a la primera parada donde tenía reservada una noche de alojamiento en la Verdadera Octava Estación, a 3400 metros de altitud.

El autobús nos llevó por el Fuji y en las pantallas se nos mostraba cuales eran las siguientes paradas. Entrando en la carretera de subida nos cruzamos con muchos otros autobuses que bajaban, teniendo otros delante y detrás que subían. En temporada de ascenso al Fuji, el acceso a los turismos está restringido. Y mejor que sea así, o menudo pifostio se armaría con tanto tráfico de autobuses. Se anunció enseguida la Primera Estación, y la segunda estación a unos 1590 metros de altitud. El aire acondicionado cambió de pronto por calefacción, cuando ya empezaba a notar frío.

Una vez en la Quinta Estación (Go Gōme) cantidad de personas con chalecos nos recibían con bolsas para que tirásemos nuestros desperdicios, ya que en la montaña no se puede tirar basura. Lo cual me resultó un poco chocante ya que todavía no tenía ningún desperdicio que tirar, y a la vuelta, el día siguiente, no los vi en el mismo sitio para deshacerme de mi basura.

En la Quinta Estación hay cantidad de tiendas, restaurantes, paradas de autobuses, información turística, zona de descanso e incluso una oficina de correos.

Aquí puede comprarse un bastón de madera de peregrinaje que te sellan al fuego desde donde lo compras hasta la cumbre en cada estación al módico precio de 300 yen por sellado. Yo ya llevaba mi bastón plegable de aluminio comprado en Kioto y ese bastón de madera me parece un peso muerto y demasiado grande para llevarselo de viaje y más si vas en avión. Pero es un recuerdo interesante si alguien lo quiere más auténtico que otras opciones como el certificado que venden en la oficina de correos de la cumbre que te puedes enviar por correo como una postal con matasellos de la cumbre, o tu propio bastón de escalada como hice yo.

De todos modos no sabía como funcionaba el tema de los sellados (stamp) y en algun momento de la escalada me empeñé en que me pusieran un "stamp" a mi pequeño bastón de aluminio. Algo que era imposible y así me lo hicieron saber. Jejeje.

Tras una visita al baño grande que hay bajando unas escaleras en la Quinta Estación, que, contra lo que había leído, era de uso gratuito (Al menos el día que fui. Miércoles, de labor. Los de las estaciones superiores cuestan 200 yen.) me enfilé sin perder más tiempo hacia la ruta de ascenso. Eran las cuatro de la tarde, hora de Japón.

El anochecer iba a llegar entre las seis y media y siete de la tarde. A las ocho ya era noche cerrada. Y tenía 1100 metros de altura que subir desde los 2300m, para llegar al alojamiento, como a unos 5 kilómetros "cuesta arriba" haciendo zig-zag.

Todos los mapas indican que entre la 5ª y 6ª estación se tarda entre 30 ó 40 minutos. Yo llegué para las cuatro y veinte. En 20 minutos. Es sin duda el tramo más fácil del recorrido. Y da falsas esperanzas sobre lo que puede costar llegar más arriba. Todos los demás tramos tardé más en recorrerlos que lo que indican los mapas. Claro que, incluyendo descansos y un montón de breves paradas.

Las estaciones son puntos intermedios, generalmente con una o varias casetas dispersas que tienen restaurantes, tiendas de recuerdos y provisiones y alojamientos de montaña tipo albergue con saco y futón incluídos, pero a precio de hotel de precio medio-alto.

Cada tramo entre estaciones es más difícil que el anterior. No porque el camino sea necesariamente más intransitable (que hay momentos en que se complica), sino porque la elevación y falta de oxígeno hace que cueste más.

De modo que el tramo entre quinta y sexta estación es más fácil que el tramo entre sexta y séptima estación. (Ya lo creo). Pero más fácil que el tramo entre séptima y octava estación. La cumbre es la décima estación. Y, para que resulte más llevadero, hay varias casetas en la 7ª estación, varias 8ª estación antes de llegar a la Verdadera Octava Estación (Hon Hachi Gōme). Y después hay octava y media, novena estación y cumbre.

Poco después de la sexta estación es cuando empecé a notar el cansancio. Cuando se sube de 2400 ó 2500 metros de altura es cuando el aire empieza a hacerse más ligero y aunque aún no se note mucho, hacer esfuerzos cuesta más. Es a los 2900 o 3000 metros cuando ya empiezas a sentirte como boñiga de vaca flaca. Empecé a parar con más frecuencia e incluso con un ritmo impuesto de 10 ó 15 pasos haciendo inhalaciones y exhalaciones profundas para retomar fuerzas.

Pasadas varias séptimas estaciones empecé a jurar en chino porque nunca pareces llegar a la octava estación. Suele haber unos 10 minutos entre cabaña y cabaña.

El sendero deja varias veces de poder llamarse sendero. Está delimitado por unas cadenas a izquierda y derecha para saber por donde ir. Pero lo de en medio pueden ser tanto escalones caseros hechos con travesaños de madera, como piedras, o grandes rocas bastante altas que hay que "escalar".

No hay que tocar las cadenas pero en muchas ocasiones me agarré en ellas para darme un pequeño impulso o mantener el equilibrio.

Cada vez estaba más y más cansado y llegó la noche. Saqué mis linternas de montaña y móvil que me colgué en la ropa para ver donde pisaba.

En total tardé cinco horas y media en llegar a la Verdadera Octava Estación.

Casi creía que no lo contaba. En la Octava Estación, ya de noche. Charlé con un grupo de empleados del lugar. Que me preguntaron si iba solo. De dónde era. Y si quería dormir ahí. -No, gracias. 予約があります Tengo reserva más arriba.

Hablando de algo famoso de España como son los encierros de San Fermín, para hablar de mi origen, y que conocían. Lo primero que les vino a la mente fue La Tomatina de Buñol. Oh! Sí... La última moda en España. Mira, tú. Jejeje.

Compré un botellín de agua. Algo que no debe hacer mucha gente pues es el botellín de agua más caro de Japón. Y exclamaron un Ohhh! al unísono, cuando pagué mis 500 yen. Ya que aunque me quedaba bebida en la mochila, el agua se había acabado.

Me dieron ánimos para la hora de ascenso nocturno que me quedaba pendiente, (subiendo pendiente). Y seguí con mi ritmo de descansos y respiraciones profundas hasta que llegué al Fujisan Hotel en la Verdadera Octava Estación.

No me dejaron ni coger el aliento. Las 21:30 horas. Cuando te van a despertar a las 2 AM. Es tardísimo. En la entrada me recibieron preguntándome si iba a dormir ahí. Y me hicieron entrar y sentarme delante de un encargado de tomar datos de la reserva y cobrar. Inmediatamente después dejé los zapatos junto a la escalera de acceso y me acompañaron a las literas.

Mi litera era una de las superiores. どう登りますか? -Cómo escalo hacia ahí arriba?- Pregunté. Ya estaba cansado de escalar. Je. Y me señalaron la escalera que había a un lado.

En cuanto dejé mi mochila y cosas colgadas de un poste, me tumbé bajo el saco de dormir junto a otro excursionista que no debería llevar mucho tiempo acostado. Porque noté que estaba despierto y yo le estaba molestando con mis resoplidos que debieron durar casi media hora hasta que me dormí.

Y al día siguiente me llevaría dos horas más, de 3 a 5 de la madrugada llegar a la cumbre, justo para la hora del Go Raikō (amanecer desde la montaña). Aunque está como a una hora si estás en buena forma, pero el flujo de gente no deja subir más rápido aunque quisieras. Yo aunque no hubiera habido gente creo que habría tardado lo mismo: dos horas; parando muchas veces a descansar. Aunque físicamente fue un ascenso bastante tranquilo; menos cansado de lo que cabría esperar; entre Hon Hachi Gōme y la cumbre. Pero un poco amargo al estar una nube de lluvia en medio de todo el recorrido, todo encapotado, sin dejar ver el Go Raikō pese a que la previsión era despejado hasta después de bajar al día siguiente.

Continuará en el Día 8 - El Monte Fuji (parte 2).

Fotos de todo el viaje pueden verse ya en este enlace: FreddyJP15 en Google Photos.