jueves, 8 de diciembre de 2011

Telegrama

Salud regular STOP


Noche febril y dia de gran acidez STOP

A ver si mejoro STOP

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ocho excusas para ser un Lurker

Si alguien se siente aludido con este artículo esa es precisamente mi intención. :-)

Un Lurker, en jerga ciberpunk de los 90, acerca de grupos, foros o áreas de mensajería electrónica, es la persona que recibe información de una comunidad electrónica como parte de ella pero nunca participa, ni se comunica con los demás. Es decir, un "mirón".

Nadie tiene porque sentirse mal pero el hecho de no dejar un solo comentario cuando todo el mundo sabe que estás ahí es de mala educación. Es como ir a una playa nudista vestido.

Todos leemos medios electrónicos en los que no participamos a menudo. Pero hay quién no aporta ni tan siquiera un comentario, ni un "ya lo sabía" o un "vaya! qué bien" en casi toda su vida electrónica.

En Twitter al incrementarse el número de seguidos y la información que comparte cada vez más gente se hace más difícil ser suficientemente participativos.

Cada vez hace falta más tiempo para atender a todo el mundo, o es necesario llevarse Twitter a todas partes (con tu móvil). Y como hay varios tipos de tuitero a distintos niveles por los que pasan desde que son novatos hasta adictos, con tantas distracciones, se hace un poco más difícil espabilar a los lurkers.

Los lurkers no dicen nada pero su silencio es bien visible. Porque sabemos que nos están leyendo y el vacío que dejan cuando son aludidos directamente es como un agujero negro que llama la atención en el espacio por las fuerzas gravitacionales a su alrededor.

Las excusas que encuentro válidas para "lurkear" son:

* No conozco a esta gente.
-Muy bien. Pero con el tiempo puedes conocerlos, presentarte y hacer nuevas amistades.

* No sé escribir bien.
-Parecida a la anterior. Si piensas eso, me parece bien que primero leas sin escribir. Pero lo antes posible debes practicar y escribir. Si no escribes es imposible que aprendas a hacerlo bien.

* Tengo trabajo que hacer.
-Estupendo. Las ocupaciones son buenas. Pero son aún mejores si de vez en cuando relajas la tensión con una pequeña distracción charlando o debatiendo con otras personas. Sin descuidar tus obligaciones.


* Debo defender mi privacidad.
-Vivo en la Calle Babilonia, 5. 4ºB. Mañana día 8 saldré de casa a las 9 y volveré a las 14:30. Mi teléfono es el 555 491430 por si queréis llamarme. Tengo 33 años. Soy libra. Mi grupo sanguíneo es B-. Y mis órganos gozan de perfecta salud. Sin infecciones. Gano 2600 euros al mes. Y me dan miedo los gatos.

Si te gusta dar tanta información. Casi mejor que no escribas nada.
Una cosa es ser precavido con la privacidad y otra cosa ser temerarios. Pero nuestra privacidad es invadida continuamente de forma involuntaria. Contestamos preguntas casi sin pensar quién las hace y quien las va a recibir. Pero no tiene porque ser así.

Es mejor participar y mezclarse con la gente en la red de forma moderada. Debes crearte una imagen propia que al menos revela tu personalidad. El nivel de datos personales o íntimos que quieras revelar depende siempre de tí. Es importante evitar suplantaciones. O ¿no viste La Red, de Sandra Bullock?
Si no tienes presencia en la red otros podrían ocupar tu lugar. Cada vez se toman más decisiones importantes que te incumben en el medio y tú puedes ayudar a que se lleven a cabo, participando.

* Tengo miedo a que me malinterpreten.
-En un medio escrito (como en los que no lo son) eso va a ocurrir seguro. Sí o sí. Lo importante es que te entiendas tú mismo. Porque si tú no lo haces entonces seguro que nadie lo hace.

* Me da vergüenza que me lean.
-Huy! Qué monada! Inocente! :) En estos tiempos la vergüenza no existe. Lo único que debe darte vergüenza es callarte las cosas. La gente es comprensiva y no importa mucho cómo seas. Te confieso que también me censuro a veces por no conocer bien al interlocutor o miedo a una reacción inesperada, pero ya aprenderé.

* Es un grupo de pr0n.
-The Internet is for pr0n. Pero ante todo discreción. A no ser que seas un salido incorregible no veo razón para que aportes algo a ese tipo de foros o canales electrónicos llamando la atención. Lurkea todo lo que quieras. Seguro que aprendes algo nuevo.

* La tecnología me da grima.
-¿Y qué haces leyendo esto? Dentro de poco vas a ser el único que no accede a medios electrónicos desde su propio dispositivo móvil, portátil o doméstico. ¿No te da miedo quedarte solo entre un océano de gente conectada? Sí. Ya. Tus principios. Tu individualismo. Tú, tú, tú. Y siempre tú. Egoista.


¿Encontraste tu excusa para no comentar?

Si conoces a la gente a la que lees, sabes escribir, tienes tiempo, y no estás "desembarcando soldaditos" no tienes excusa para no participar.

Propón, escribe, comenta, participa. Deja de lurkear.
¡Ya te vale!

martes, 6 de diciembre de 2011

Lágrimas 涙

Los chicos no lloran. O eso dicen.

Pero puede que algunos tengamos la lágrima más fácil que otras chicas, sí. Ellas no reconocen que se masturban y los chicos tampoco vamos a reconocer que lloramos a veces, cuando nadie mira.

Al hacerte mayor, si no eres un o una blandegue, llorar deja de tener sentido y deja de hacerse. (Salvo el bebé "universitario" de los vecinos... que ya le vale, tantos años sin parar)

Normalmente al crecer se deja de llorar y se reemplaza por chillar, que en inglés puede expresarse con la misma palabra "cry", pero en español la connotación es diferente. Cuando la gente se disgusta habla a gritos o deja de hablar a quien le ofende. Sólo la gente más templada es capaz de guardar la compostura mientras expone los equívocos ajenos.

Hay muchos tipos de llantos o lágrimas.

Las lágrimas de cocodrilo, las de alegría o emoción, y, las más amargas, las de tristeza.

No recuerdo haber llorado nunca con lágrimas de cocodrilo pero sí he visto a gente hacerlo. Y es más común de lo que se piensa. ¡Qué hipócrita llega a ser la gente! Y qué asquito da que finjan que les duele algo que te afecta y van a hacer algo para soliviantarlo y descubres que eso va a ser todo.

Puede que, cuando era niño, en situaciones de abuso físico, jugando en recreos, o así, con otros más brutotes haya fingido un dolor superior al infligido para que desistiesen de su actitud. Es una medida de defensa muy común de los que hemos sido menos agraciados en lo que a fuerza muscular se refiere. De todos modos, yo he sido de la gente que siempre se ha llevado bien con todos fueran "tontitos" o brutotes y rara vez he sido víctima de mobbing, burlas o similar. Reconozco que, en todo caso, he sido a veces de los que se burlan o zancadillean, y nunca he permitido que nadie "se me suba a la chepa". Saber algo de judo (de libros) tampoco me vino mal.

Los llantos de tristeza, en mi caso, también son muy raros. No creo haber llorado casi nunca por esa razón. Creo que se siente algo especial. Alguna sustancia química circula por el cerebro y se despeja. Seguro que tiene algún efecto terapéutico.

Las cosas más "tristes" de mi vida quizás estén relacionadas con la familia. Los problemas que más te afectan, es normal que tengan que ver con tus allegados. Quizás los mayores problemas los padecí cuando ya era un "chico mayor" para llorar por cualquier cosa. A lo sumo se nos mete "algo en el ojo" ante el divorcio paterno, enfermedades, o algunos funerales.

Sin emabargo, psicológicamente los hechos relacionados con los parientes realmente me afectan menos que las vidas ajenas. Quizás porque todo me preocupa demasiado para dejar que me afecte. Y la incertidumbre de lo que podría soltar si me dejase llevar en este tema es la razón por la cuál nunca suelo mencionar a mi familia en mis relaciones sociales en la red o en la vida real.

Aunque en lo personal sea menos triste, me afecta más cuando una persona cuya obra admiro fallece. Aunque no tenga ningún parentesco conmigo y viva a miles de kilómetros. Me afectó que falleciera Satoshi Kon, Jerry Goldsmith, Michael Kamen, y otros creativos. Aunque tampoco hasta el punto de soltar lágrimas por ello.

Lo más común para encontrarme llorando (Y tampoco es que me pase la vida haciéndolo. Qué ya soy mayorcico, he dicho. :)) suele ser el llanto de emoción. Que sobre todo noto al ver algunas series y películas de animación japonesa con dramas que me gustan mucho. Tokio Magnitude 8.0 es una serie que va directa a la yugular para que llores sufriendo por lo que le pueda pasar a Yuuki y su hermana. Hay quién dice que es porque me ha ablandado el shojo que leo. (Tampoco leo tanto! Sólo Ouran High School Host Club y es por el humor y frescura de su autora)

Me ha podido pasar viendo otros animes con momentos emotivos como La chica que saltaba en el tiempo o Arrietty. Aunque no todo título triste o dramático provoca ese efecto en mí. Por lo general son títulos que reflejan la vida en forma de comedia, donde el drama está dosificado en breves momentos y no toda la película es un drama.

También emocionan capítulos finales de series que han sido predominantemente cómicas pero entonces te tocan la fibra sensible con la despedida en su último capítulo, como el fantástico ensayo de las protagonistas de Lucky Star del tema Motteke! Sailor Fuku. (Vaya! Estoy llorando!! Qué tonto! :))

El truco está en que una obra debe ser equilibrada. Si todo es tristeza, la alegría no existe, y por tanto ese es el estado natural del mundo diegético en que te has sumergido. Y la tristeza en ese caso no tiene porque transmitir ninguna emoción. Lo "triste" que más te emociona es encontrarse con un drama cuando se ha conocido la alegría.

Y teniendo en cuenta que el humor es un estado muy subjetivo y complejo de lograr, las mejores obras son las que consiguen hacerte llorar incluyendo toques de humor que realmente te hacen reir.

Se puede decir que la risa es el estado opuesto al llanto. Así que eso de que los extremos se tocan es bastante cierto en este caso. Pues tanto la risa como el llanto se expresan generalente al comprender un acto tan bien como si lo hubieras sufrido tu mismo, porque efectivamente te pasó a tí o a alguien que conoces.

Y ya está bien por hoy. No nos pongamos más melancólicos de lo necesario que el mundo está lleno de cosas tristes, pero también de ilusiones y alegría; y estamos aquí para divertirnos, ¿o no?

lunes, 5 de diciembre de 2011

Más allá del mundo

La humanidad estuvo a punto de lograrlo.

Se habían conseguido fusionar los poderes socioeconómicos en tres grandes regiones y había buena relación como para conseguir pronto un modelo común para todos. El hambre y las guerras terminaron. Pero lo que condujo a los seres humanos a las puertas de su propia extinción fue la avaricia o un desmedido afán de superación.

El cielo estaba gris y un hombre caminaba junto a su hijo por la carretera. Un tren los atropeyó de pronto cuando cruzaban de forma descuidada un paso a nivel sin barrera. La lluvia limpió los restos sin que nadie más se preocupase y entonces salió el sol.

La población había descendido a ocho millones de habitantes en todo el planeta. A nadie le preocupaban problemas que antaño parecían acuciantes; como la escasez de envoltorios de papel para bombones y golosinas. O el incremento de tallas de zapatos en graduaciones centesimales.

Al llegar a la estación, un hombre de negocios bajó del tren. Llevaba un maletín y tenía la mirada perdida. A su alrededor, el resto de pasajeros que bajaban de los vagones eran conducidos por militares hacia casetas aduaneras.

El hombre viajaba ofreciendo muestras de rotuladores para venderlos en distintas poblaciones. Ese día, había recorrido 80 kilómetros y pasado por cuatro aduanas.

Su mercancía se vendía muy bien. Aunque siglos antes nadie usaba lapiceros, bolígrafos, ni nada similar. No era necesario. Antes podía dibujarse con la mente sobre cualquier habitáculo de casas y automóviles con proyector holográfico de serie. O con el sensor neuronal portátil de los "smarthands" que tenían los habitantes adultos de todo el mundo.

El viajero al llegar al puesto de registro se fijó que el agente aduanero llevaba uno de los rotuladores que él vendía.

-Yo vendo esos rotuladores que usa. -Dijo el vendedor.
-No me importa. Su nombre, por favor.
-Domingo Veneziano.
-¿Qué alfabeto?
-Supravelano del este.
-Uff! Ni idea. -Se quejó el agente-. Tomé el rotulador y escríbalo usted.

Domingo sacó un rotulador del bolsillo de su chaqueta y escribió su nombre en una grafía parecida a lo que siglos atrás fue coreano.

El agente miró el formulario escrito y habló.

-¿Domingo Veneziano? -Miró al vendedor que asentía con la cabeza-. De acuerdo. Pase.

Tras la aduana del andén al aire libre se accedía a una pequeña estación a través de un arco que emitía una solución insecticida con la que Domingo quedó impregnado. Al abrir los ojos, un niño le ofrecía pañuelos de papel a cambio de tres borelios, la moneda de la ciudad-estado Borealia, de 827 habitantes, a la que acababa de llegar.

-Lo siento. No tengo todavía moneda local. -Dijo Domingo. Y, tras perder de vista al chaval, sacó un pañuelo de papel de su bolsillo y secó sus párpados y resto de la cara.

Al salir de la estación otra puerta con brumizador de insecticida roció a Domingo con una solución algo más sucia, mezclada con arena de la calle.

El mismo niño de antes estaba esperando fuera y ofrecía pañuelos a Domingo.

-Tres borelios. -Exclamó tajante el chico avispado.
-De acuerdo. Aquí tienes.

Domingo tenía simpatía por los que ejercían su profesión con tenacidad. Aunque su abuelo los culpaba del Segundo Gran Equívoco. Un desastre natural producido por la humanidad. Algo totalmente incongruente; provocado, sobre todo, por confusiones con estadísticas, malentendidos científicos y litigios por patentes iniciados con fines codiciosos.

A una velocidad inusitada se redujo la población mundial de 9000 millones a la mitad y en pocos años se mermó hasta los niveles actuales, mil veces inferior.

Domingo entró en un bar.

-¿Qué desea? -Preguntó el camarero.
-Una tapa Posealia, por favor. -dijo señalando un extraño plato con ingredientes luminescentes-. Y un Zumoringo. Gracias.
-Serán 18 borelios.

Domingo pagó y el camarero sirvió su tapa y una bebida de color oscuro.

El camarero soltó el vaso repentinamente en la barra y salió a atender a un señor que entraba en el local con unas ropas llamativas, de colores rojos y grises metalizados con forma similar a la que los astronautas del siglo XX usaban en el espacio.

Antes del desastre la población no tenía clases sociales bajas, ni altas. Nadie gobernaba las vidas de los demás. Y todo el mundo vivía colmado de atenciones y comodidad.

Pero nuevamente la crisis más gorda de la humanidad benefició a unos pocos y la baraja del juego cambió para empezar una partida diferente.

Domingo dió el último bocado a la parte más brillante de su aperitivo. Una luz azulada podía verse bajando por su garganta y se iba atenuando poco a poco. Y se fue del bar tras beber de un trago el resto de su vaso.

Mientras se iba, el señor con traje de astronauta diseñado al estilo Andy Warhol recibía el octavo plato de comida en su mesa por un esforzado camarero que no daba abasto para servir todo al mismo tiempo.

En la misma calle que el bar se concentraban los principales comercios de Borealia y Domingo vio enseguida una librería que vendía también artículos de papelería.

Estaba a punto de entrar cuando sonó una potente sirena que resonaba por las calles. Los viandantes empezaron a correr y meterse en las casas.

Se escucharon los motores a reacción de varios cazas de combate despegando a pocos metros del lugar formándose un gran estruendo y haciendo que el aire vibrase y formase rachas de polvo y arena que impactaban con farolas y fachadas.

Domingo vio que un avión maniobraba rápidamente y soltaba una bomba justo hacia la calle donde estaba él.

Su expresión de pánico no podía ser más desorbitada. No tenía escapatoria. No sabía hacia donde ir pero empezó a correr en el mismo sentido que la bomba.

La bomba al llegar a tres metros del suelo implosionó y, en ese momento, una mano tiró del vendedor adentro del bar donde había almorzado. Desde el cristal de la puerta, Domingo vio como la bomba se había convertido en pequeñas virutas que flotaban y una gran cantidad de líquido se esparcía por toda la calle.

Ese líquido era un tipo de insecticida algo más agresivo y menos sofisticado que el que hubiera sido necesario para combatir la extinción de la humanidad.

El Segundo Gran Equivoco Mundial produjo que miles de millones de insectos, hormigas y avispas que parecieron enloquecer atacaran a las personas de forma incontrolada, y dado que las tres agencias de patentes del mundo estaban sumidas en un eterno litigio por una fórmula insecticida; que había sido prohibida por intereses comerciales, no hubo producción suficiente para salvar las vidas de media humanidad.

Domingo vio como un enjambre de insectos gigantes, propios de una mala película de serie B ambientada en una selva prehistórica tropical, avanzaban por la calle y se iban escaldando al entrar en contacto con el líquido rociado.

Un grupo de insectos parecidos a una avispa del tamaño de una libelula alzaron el vuelo y se dirigieron al bar.

-Oh! No. -Gritó el camarero. Que aún agarraba del hombro a Domingo. Hasta que se avalanzó a pulsar un botón rojo junto a la entrada.

Empezó a formarse una cortina de insecticida que surgía del marco de la puerta. Cerrada; pero no hermética.

Las avispélulas asomaron por una rendija inferior y murieron al conctacto del insecticida.

El camarero empezó a retirar los platos del hombre ricachón que ni se había inmutado con las sirenas y el estruendo, pero empezó a cubrirse con un gorro especial que salía de su traje.

-Ayudarme, por favor! Esto les atrae! -Chilló desesperado el camarero.

Domingo volvió a ver su situación muy complicada. No dejaban de entrar insectos por debajo de la puerta y morían al contacto con el insecticida. Pero la presión del rociador empezaba a bajar.

Tras la crisis de siglos atrás, y con las prisas por recuperar un estado que se pareciera al de antes, aún se cometieron más errores y se pusieron las cosas peor. Se levantó la prohibición de la sofisticada fórmula insecticida pero el uso indiscriminado produjo una reacción en cadena en el ecosistema, haciendo perder cosechas y vida animal de todo el planeta. Muchos de los mejores científicos capacitados para hacer frente a un desequilibrio tan grande habían muerto. Y los supervivientes se guiaron por el miedo y desandaron todo el camino que había costado siglos recorrer hasta llevar al mundo a niveles pre-medievales.

La tecnología más sofisticada no se pudo reconstruir y prevaleció la ley del más fuerte mientras la humanidad trataba de recobrar su puesto en el podium de la especie animal más inteligente del planeta.

Lo que le pasó a Domingo aquel día nadie lo sabe con certeza. El camarero y el "astronauta" murieron.

La ciudad fue clausurada y, tiempo después, en las aduanas de la región empezó a haber escasez de rotuladores.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Maestro

Un maestro es una persona que sirve de ejemplo, enseña y propone retos a superar.

Un buen maestro es consciente de las limitaciones de su alumno. Fija tus metas un peldaño más arriba dándote opción de superarte a tí mismo.

Podemos elegir a nuestros amigos, al médico de la seguridad social (a veces), y hasta el tendero que nos vende la comida. Pero no podemos elegir a padres, de los que tanto copiaremos (o contra-imitaremos), y casi nunca a nuestros profesores.

En el caso de los profesores de la escuela a menudo se escucha eso de -me tiene manía-. Cuando lo que en realidad suele pasar es todo lo contrario.

Por muy buen maestro que tengas, si no te cae bien, por cualquier razón, no aprendes nada de lo que intenta enseñarte.

No existe una pastilla de fuerza de voluntad que el maestro pueda administrar al alumno para que éste decida prestarle atención y seguir sus instrucciones para aprender la lección.

Si alguien es desconfiado, agresivo, apático o inocente/ignorante no me da confianza para tratarlo con el respeto que merece un profesor.

Puedo tener amigos con alguna de esas características muy marcadas en su personalidad pero nunca me enseñarán nada por mucho que sepan de cosas que ignoro y me gustaría aprender.

Y eso, sabiendo que hay muchas cosas de la vida que también me producen desconfianza, enfado, indiferencia o de las que no sé absolutamente nada.

Es un defecto contradictorio que me lleva a pensar en el personaje de Sheldon de la serie Big Bang. Y bromear con que soy especial y estoy a un paso de alzarme en la escala evolutiva. Así que tengo manía a lo que se parece a mí, con los mismos defectos, para superarme y evolucionar todo lo posible.


En el fondo hay poca diferencia entre un amigo y un maestro. Ambos intentan ayudarte y van conociendo tus carencias y virtudes.

Si el grado de experiencia es similar, aunque sea sobre temas distintos, y hay un nivel similar de conocimientos que ambos están dispuestos a compartir, yo diría que estamos ante amigos. Si sólo una figura aprende de la otra, hablamos de una relación de maestro - alumno. Aunque el maestro también puede aprender al mismo tiempo que muestra el camino al alumno.

Los maestros que más me han motivado han tenido cualidades opuestas a los defectos que he mencionado. Por lo general han sido capaces de sorprender continuamente. Son enérgicos. Sinceros. Sabios. Divertidos. -Oh cielos! Alguien con todas esas características podría enseñarme física cuántica, diez idiomas, poesía y a tocar el violín en una tarde. :)

El mejor maestro del mundo es quien mejor te comprende y sólo hay una persona que puede saber lo que estás pensando en cada momento. El maestro "Tú mismo".

Muchas cosas que me han sido útiles en la vida, las he aprendido en plan autodidacta. Es una forma de aprender que supone más esfuerzo y motivación del necesario, e implica más riesgo a equivocarse y tener una formación algo incompleta.

Evaluarse uno mismo y notar los progresos estimula más el ánimo. O, cuando no has tenido tiempo o ganas de aprender lo suficiente, no hay otra persona para echarte en cara que no has progresado, ahorrándote esa vergüenza. Y permitiéndote aprender a tu ritmo, sin ingerencias ajenas.

En los tiempos que corren el conocimiento es poder. No ser capaz de aprender algo por uno mismo, ni leer e interpretar un manual de instrucciones supone una apatía o falta de motivación que ni el Maestro Yoda podría corregir.

Que la Fuerza de voluntad te acompañe.